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Autor: | Editorial:



Coloquio final
En el Sermón de la Montaña te hemos visto y contemplado ¡Oh Jesús, Hijo del Padre!
Y te hemos tomado como Maestro para que nos enseñaras a vivir como Tú, a vivir como hijos.

Sí, Jesús, queremos vivir como hijos del Padre Celestial, tener un corazón de hijos, una conciencia de hijos, una vida de hijos, poder orar con el Padrenuestro desde el deseo de nuestro corazón como Tú lo oraste.

Padre, santificado sea Tu Nombre.
Venga a nosotros Tu Reino, el Reino de los hijos. Que reine en nosotros el amor de hijos al Padre y el Amor Tuyo, Padre.

Hágase Tu Voluntad porque ése fue el deseo de Tu Hijo Jesús: cumplir Tu Voluntad, porque Él consideró hermanos, hermanas y madre a los que hacían Tu Voluntad.

Que se haga Tu Voluntad;
que la podamos hacer, Padre, para ser hermanos de Jesús, hijos Tuyos.

Cumplir Tu Voluntad gozosamente, dándote Gloria.

Que venga a nosotros el Reino, el Reino de los hijos.

Danos hoy el pan de cada día. ¡Oh Padre!
Ponemos en Ti nuestra seguridad en estos momentos inseguros, en que además
los hombres quieren hacernos más inseguros
con un discurso amenazador,
en que tantos de Tus hijos están asustados.

Ponemos nuevamente nuestra seguridad en Ti, ¡oh Padre! porque Tú sabes que necesitamos todas esas cosas y Tú que cuidas de las aves y de los lirios del campo cuidas más de Tus hijos. Danos un corazón seguro en Ti.

Perdona nuestras ofensas y enséñanos a perdonar, a no guardar rencor con nuestros hermanos, a amarlos porque son hijos Tuyos y Tú los amas y quieres ser glorificado en ellos.

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del Malo, del Príncipe de este mundo porque él está detrás de todo ese pecado organizado,
que quiere apartar a los hombres de Ti.

A los que Tú creaste para hijos quiere convertirlos en enemigos Tuyos, ¡oh Padre! Confiamos en Ti como confió Jesús.
Amén Amén, Amén.
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