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TEMA 6 Ascesis progresiva de la dirección espiritual.
Tratamos el tema de la ascesis progresiva en la dirección espiritual y el compendio de la espiritualidad católica.


Por: José Rivera; José María Iraburu | Fuente: www.gratisdate.org



TEMA 6 Ascesis progresiva de la dirección espiritual y compendio de espiritualidad cristiana.

Síntesis de espiritualidad católica
Autor: José Rivera; José María Iraburu
Fuente: www.gratisdate.org

Esquema de la sesión:
1. El estudio de los caminos del espíritu o ascética cristiana.
a) Naturaleza
b) Ciencia difícil, ignorada y preciosa
2. Espiritualidad y espiritualidades
3. Esquema del contenido de la espiritualidad cristiana


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Todos los cristianos estamos llamados a la perfección evangélica, es decir, a la santidad. Y todos estamos llamados a santificarnos por una adhesión amorosa a la voluntad de Dios, afirmada día a día mediante la fidelidad y el abandono. En efecto, en la fidelidad incondicional a lo que Dios quiere -voluntad divina claramente significada por la fe y los mandamientos- y en el abandono confiado a lo que Dios quiera -voluntad divina manifestada en las circunstancias cambiantes de la vida-, el cristiano halla, por las pequeñas cosas de cada día, su camino fundamental hacia la santidad. Y esta vía principal de perfección es común a sacerdotes, religiosos y laicos.

¿Pero en esa fidelidad y abandono a las cosas pequeñas o grandes de la vida ordinaria puede hallarse estrictamente un camino?... Ésta es una cuestión más bien verbal. Pero un «camino» implica unos medios predeterminados, bien conocidos y previsibles, en orden a un fin. Por eso, en este sentido más estricto de la palabra, solamente suele hablarse de camino de perfección cuando el cristiano -precisamente para santificarse de verdad a través de las cosas de cada día-, asume voluntariamente, y de modo habitual, un conjunto de medios intensos y explícitos de santificación.

Como hemos indicado desde la primera sesión del curso, la búsqueda de la perfección cristiana y el cumplimiento de la voluntad de Dios son el núcleo de la dirección espiritual; por lo tanto el director espiritual debe conocer el contenido, el camino para alcanzarla y ayudar al dirigido a llegar progresivamente a la santidad. Este contenido y este camino se encuentran en “La espiritualidad Cristiana”


“Espiritualidad cristiana verdadera es aquella que en la práctica hace santos a quienes la siguen. Por el contrario, son falsas aquellas espiritualidades que no conducen a la perfecta santidad.”

La santidad, el cumplimiento de la voluntad de Dios es un camino que se recorre durante la vida. El director espiritual debe introducir progresivamente al dirigido por este maravilloso pero no fácil “camino del espíritu”, que como dijo Madre teresa de Calcuta “solo lo comprenden aquellos que lo caminan”.

Siendo un tema amplio e imposible de abarcar en una sesión, nos limitaremos a introducir y a presentar, a modo de esquema, el contenido de la Espiritualidad Católica.

1. El estudio de los caminos del espíritu o ascética cristiana.

El estudio de los caminos del Espíritu, al paso de los siglos, ha recibido nombres diversos: mística, ascética, teología ascético-mística, teología de la perfección cristiana. Actualmente se habla sobre todo de Espiritualidad y de Teología Espiritual.
Mística es palabra de origen griego, cuya etimología sugiere lo misterioso, secreto, arcano. Ya en el s. V-VI el Pseudo-Dionisio habla de Theologia Mystica. En el XVI, San Juan de la Cruz entiende la teología mística como una sabiduría secreta, infundida en el alma por el Espíritu, a oscuras del entendimiento y de las otras potencias naturales (II Noche 17,2).
Ascética es también palabra griega, que significa el esfuerzo metódico para adiestrarse física o espiritualmente (+1Cor 9,24-27; Flp 3,14; 2 Tim 4,7).

Teología espirituall es el término empleado por el concilio Vaticano II (SC 16) y hoy más usado en documentos eclesiásticos y escritos teológicos.

a) Naturaleza
Recordemos en primer lugar que la teología es una, es decir, es una ciencia, y como tal tiene una unidad formal
(STh II-II,1,1). Al lado de la cristología, el estudio de la gracia, la eclesiología y los demás tratados dogmáticos o morales, la teología espiritual es una parte más del árbol único de la teología. Podemos definir, pues, la teología espiritual como una parte de la teología, que estudia el dinamismo de la vida sobrenatural cristiana, con especial atención a su desarrollo perfectivo y a sus connotaciones psicológicas y metodológicas.

Al estudiar en teología, por ejemplo, la oración, la dogmática estudiará su posibilidad y naturaleza, la moral su conveniencia y necesidad, pero será la teología espiritual la que considere y describa la dinámica perfectiva de la oración cristiana, las fases típicas de su desarrollo, las connotaciones psicológicas de la misma, y los métodos para ejercitarse en ella.

Según esto, la teología espiritual se deduce no solo de los principios doctrinales -Biblia, magisterio, teología especulativa-, sino también de los datos experimentales atesorados por las generaciones cristianas, y muy especialmente por los santos -hagiografía-. En efecto, los santos de Cristo son testigos sumamente fidedignos del verdadero «camino del Señor» (Hch 18,25), y nos indican por dónde va y cómo hay que andarlo. Si queremos, pues, conocer cómo obra normalmente el Espíritu Santo en los cristianos, estudiemos con atención las vidas y escritos de los santos, pues ellos fueron hombres perfectamente dóciles a la acción divina de la gracia.

Digámoslo de otro modo: espiritualidad cristiana verdadera es aquella que en la práctica hace santos a quienes la siguen. Camino cierto de perfección cristiana es aquel que de hecho conduce a ser perfecto como el Padre celestial es perfecto. Por el contrario, son falsas aquellas espiritualidades que no conducen a la perfecta santidad, sino que producen confusión, dudas, cansancio, amargura, egoísmo, infecundidad apostólica. «Todo árbol bueno da buenos frutos, y todo árbol malo da frutos malos. Por los frutos, pues, los conoceréis» (Mt 7,17.20).

Ahora bien, ¿en la teología espiritual deben prevalecer los principios doctrinales o los datos experimentales? Ciertamente, si la doctrina es verdadera y la experiencia espiritual genuina, no podrá haber contradicción alguna. En todo caso, la espiritualidad siempre debe considerar juntamente doctrina teológica y vivencia cristiana. Si la teología espiritual optara por la experiencia, dejando un tanto de lado la doctrina teológica, quedaría reducida a un fideismo experiencial sujeto a las modas cambiantes y a los subjetivismos arbitrarios, es decir, quedaría sujeta al error. La verdadera espiritualidad cristiana cuida bien de integrar el ontologismo de las ideas con el psicologismo de la experiencia, y concede siempre el primado a los principios doctrinales.

Así procedieron los grandes maestros espirituales, como Santa Teresa de Jesús; ella en las cosas espirituales daba a la experiencia una gran importancia: «No diré cosa que no la haya experimentado mucho» (Vida 18,7 +Camino, prólogo 3). Pero ella valoraba también mucho el saber teológico, y no acababa de dar crédito a la experiencia -aunque fuera la suya propia-, en tanto no se viera autorizada por la doctrina. «No hacía cosa que no fuese con parecer de letrados» (Vida 36,5). Y decía: «Es gran cosa letras, porque éstas nos enseñan a los que poco sabemos y nos dan luz, y allegados a verdades de la Sagrada Escritura hacemos lo que debemos; de devociones a bobas líbrenos Dios» (13,16).

b) Ciencia difícil, ignorada y preciosa
La teología espiritual es difícil por varias razones:


1ª, por la multiplicidad de sus fuentes naturales -psicología, pedagogía, etc.- y sobrenaturales -Escritura, magisterio, dogmática, moral, liturgia, hagiografía, etc.-.

2ª, por la delicadeza inefable de su objeto: la acción del Espíritu sobre el hombre.

3ª, porque la santidad personal del teólogo influye mucho en la calidad de la teología espiritual elaborada. Es difícil en estos temas llegar al conocimiento de cosas espirituales que no se han experimentado, aunque solo sea inicialmente. Solo el que obra el bien viene a la luz; el que obra el mal la huye (Jn 3,20-21). En esta parte de la teología, aún más que en otras, son los limpios de corazón los que logran ver a Dios (Mt 5,8).

4ª, por la particular dificultad que hay en expresar con palabras humanas y lenguaje natural las obras del Espíritu divino. Santa Teresa advierte que, a veces, «consiste en la experiencia el saberlo decir» (Camino Perf. 8,1); pero no siempre basta la experiencia de los caminos del Espíritu para saber describirlos. Esto en ocasiones no es posible sin una gracia especial de Dios, que ni siquiera todos los santos han recibido, como es obvio (18,7).

Por todo ello, la verdadera espiritualidad cristiana es frecuentemente ignorada. Ciencia y experiencia dan conocimiento, y cuando de los caminos del Espíritu no se tiene ciencia ni se tiene experiencia -supuesto no infrecuente-, se padece ignorancia. Ciencia y experiencia en esto -como en todo- no pueden ser suplidas por el empeño de actitudes meramente voluntaristas. El que aspira a transfigurarse con Cristo en la cima del monte de la perfección evangélica, para llegar allá arriba necesita procurarse buenos planos -doctrina verdadera- y guías experimentados -maestros espirituales-. Sin plano y sin guía, no llegará a la cima, o llegará pero más tarde, con más rodeos, con más esfuerzos de los verdaderamente necesarios.

(En esto de la ignorancia de la verdadera espiritualidad evangélica hay varios errores y peligros que conviene señalar abiertamente:

-La ignorancia en temas de ascética y mística con frecuencia no se reconoce.
Laicos y sacerdotes, llegado el caso, reconocen sin dificultad que no conocen bien la exégesis bíblica, o ciertas cuestiones dogmáticas, morales, históricas, litúrgicas o canónicas. Y consultan a los libros o a los expertos. Sin embargo, cuando surge una cuestión de espiritualidad la mayoría suele confiar en su propio criterio, como si siempre tuviera acerca de ella ciencia o experiencia, lo que muchas veces no es cierto. Se suele dar por supuesto que la conciencia está siempre bien formada, y sabe muy bien discernir lo bueno y lo malo. Los que siendo ignorantes mantienen tal convicción atribuyen normalmente sus males y flaquezas a la voluntad, sin sospechar que muchas veces obran mal porque están ignorantes o errados. Hay en esto sin duda un desprecio del conocimiento. Ignoran que la santidad es en su principio una metanoia, una transformación de la mente. Por eso no ponen ningún empeño en estudiar los buenos libros o consultar buenos guías espirituales. Prefieren no detenerse a pensar, y seguir, aunque sea malamente, caminando hacia adelante. Pero ¿van adelante?... Estos son los que corren «como a la ventura» y luchan «como quien azota el aire» (1Cor 9,26).

-La doctrina falsa o mediocre es frecuente en temas espirituales, probablemente más que en otros campos de la teología. Ya hemos dicho que, por varias razones, es ésta una ciencia difícil. Y no es fácil hacer bien lo que es difícil. Basta repasar una biblioteca de espiritualidad para comprobar cómo, en todas las épocas, la calidad se ha visto muchas veces cubierta por la cantidad mediocre. Los caminos anchos, andados por muchos, se recomiendan más que aquellos estrechos que llevan a la perfección: éstos son conocidos por pocos, y caminados por menos (Mt 7,13-14). No es raro en temas de espiritualidad un subjetivismo arbitrario, que no se interesa por la Revelación, el magisterio, la teología o la enseñanza de los santos.

Tratando, por ejemplo, de oración, uno dirá: «Para mí toda actividad buena es oración». Otro dirá: «Para mí la verdadera oración es aquietar perfectamente el cuerpo y dejar la mente en total vacío». Otro dirá... lo que sea. En todo caso, unos y otros coinciden en que no estudian seriamente la doctrina ni consultan a los que saben. Se contentan con seguir sus propios gustos y opiniones: «no soportan la doctrina sana; sino que, según sus caprichos, se rodean de maestros que les halagan el oído» (2 Tim 4,3).

-No abundan los buenos guías espirituales. El maestro que da unas enseñanzas verdaderas, pero muy generales, ayuda poco al que busca la perfección. Pero el peligro mayor está en los guías ignorantes o malos. «Si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo» (Mt 15,14). San Juan de la Cruz recomienda mucho «mirar en qué manos se pone, porque cual fuere el maestro, tal será el discípulo» (Llama 3,30-31). Y Santa Teresa confiesa que «siempre fui amiga de letras, aunque gran daño hicieron a mi alma confesores medio letrados, porque no los tenía de tan buenas letras como yo quisiera. He visto por experiencia que es mejor -si son virtuosos y de santas costumbres- que no tengan ningunas, porque ni ellos se fían de sí mismos, sin preguntar a quien las tenga buenas, ni yo me fiara de ellos; buen letrado nunca me engañó» (Vida 5,3).))

2. Espiritualidad y espiritualidades

La Espiritualidad estudia cómo el Espíritu Santo actúa normalmente sobre los cristianos.


Ahora bien, así como en todos ellos hay algo común -la naturaleza- y hay ciertas variedades -diferencias de sexo, temperamento, educación, época, etc.-, así podemos distinguir en la acción del Espíritu divino que reciben los cristianos una espiritualidad común y varias espiritualidades peculiares.

1.-La espiritualidad cristiana es una sola si consideramos su substancia, la santidad, la participación en la vida divina trinitaria, así como los medios fundamentales para crecer en ella: oración, liturgia, abnegación, ejercicio de las virtudes todas bajo el imperio de la caridad. En este sentido, como dice el concilio Vaticano II, «una misma es la santidad que cultivan, en los múltiples géneros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios» (LG 41a). «Todos los fieles, de cualquier estado y condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad» (40b). Y en el cielo, una misma será la santidad de todos los bienaventurados, aunque habrá grados diversos.

2.-Las modalidades de la santidad son múltiples, y por tanto las espiritualidades diversas. Podemos distinguir espiritualidades de época -primitiva, patrística, medieval, etc.-, de estados de vida -laical, sacerdotal, religiosa; es la diversidad que tiene más importante fundamento-, según las dedicaciones principales -contemplativa, misionera, familiar, asistencial, etc.-, o según características de escuela -benedictina, franciscana, ignaciana, etc.-

La infinita riqueza del Creador se manifiesta en la variedad inmensa de criaturas: no diez o cien, sino miles y miles de especies de plantas, de animales, de peces... También las infinitas riquezas del Redentor se expresan en esas innumerables modalidades de vida evangélica. El cristiano, sin una espiritualidad concreta, podría encontrarse dentro del ámbito inmenso de la espiritualidad católica como a la intemperie. Cuando por don de Dios encuentra una espiritualidad que le es adecuada, halla una casa espiritual donde vivir, halla un camino por el que andar con más facilidad, seguridad y rapidez, halla en fin la compañía estimulante de aquellos hermanos que han sido llamados por Dios a esa misma casa y a ese mismo camino.

3.-Hoy se da en la Iglesia un doble movimiento: por un lado, una tendencia unitaria hace converger las diversas espiritualidades en sus fuentes comunes, Biblia, liturgia, grandes maestros. Por otra, una tendencia diversificadora acentúa los caracteres peculiares de la espiritualidad propia a los distintos estados de vida, o a tales movimientos y asociaciones. La primera ha logrado aproximar espiritualidades antes quizá demasiado distantes, centrándolas en lo central. La segunda ha estimulado el carisma propio de cada vocación, evitando mimetismos inconvenientes.
Ciertos radicalismos deben ser indicados en este punto:

-Un exceso unificador lleva en ocasiones a difuminar las espiritualidades particulares, ignorando los diversos carismas, rompiendo tradiciones valiosas, desvirtuando la fisonomía propia de las diversas familias, regiones, escuelas. Así se llega a una espiritualidad única para adolescentes, cartujos, madres de familia, párrocos o jesuitas. Es un empobrecimiento.

-Un exceso diversificador radicaliza hasta la caricatura los perfiles peculiares de una espiritualidad concreta; se apega demasiado a sus propios métodos, en lenguaje, modos y maneras; absolutiza lo accidental y relativiza quizá lo absoluto; pierde armonia evangélica y plenitud de valores. Así se produce un ambiente espiritual cerrado, aislado, con terminología propia, que para unos es muy gratificante, y para otros asfixiante. En tal ambiente, las eventuales iniciativas del Espíritu, si no se ajustan al modelo vigente en esa espiritualidad altamente diversificada y concretada, quedarán silenciosamente sofocadas. Y los integrantes de círculo tan cerrado y peculiar se mostrarán incapaces de colaborar con otros fieles o grupos cristianos, pues éstos son extraños al movimiento, grupo o institución. Es un empobrecimiento)).

4.-Sola es universal la Espiritualidad de la Iglesia, que tiene en la sagrada liturgia su principal escuela, abierta a todos los cristianos. Todas las demás espiritualidades acentúan más ciertos valores cristianos y menos otros: una es metódica y reglamentada, otra tiene pocas reglas; una insiste en la oración litúrgica, otra usa más las devociones populares...

San Juan de la Cruz: «A cada uno lleva Dios por diferentes caminos; que apenas se hallará un espíritu que en la mitad del modo que lleva convenga con el modo de otro» (Llama 3,59).

Ninguna espiritualidad o devoción concreta puede presentarse como necesaria para todos los cristianos. Únicamente la Espiritualidad de la Iglesia Católica, y su principal exponente, la liturgia, puede y debe requerir el consenso de todos los fieles católicos.

5.-La Teología Espiritual sistemática estudia la espiritualidad cristiana común, y ofrece su luz a todos los cristianos, sea cual fuere su condición o carisma propio.

C. Esquema del contenido de la espiritualidad cristiana

En el siguiente esquema se puede percibir el contenido y la riqueza de la vida espiritual, al director espiritual corresponde enseñar, introducir y acompañar a las almas en este maravilloso camino del espíritu. No se trata de dedicar las direcciones espirituales a dar lecciones y tratados sobre el tema, por el contrario, con ella debe iluminar las diversas situaciones del alma, que como sabemos, ordinariamente procede de manera gradual y muy bien descritas en la temática de los ejercicios espirituales de San Ignacio: quien conoce y experimenta el amor de Dios, ve con claridad el daño que el pecado causa, corre en busca de la misericordia divina, escucha la invitación de Dios a seguirle dentro de la Iglesia y se compromete a seguir este llamado caminando por la vía de la perfección buscando que otros también conozcan a Cristo y lleguen un día a recibir la corona merecida.

Esquema general.

1. Las fuentes de la santidad
Dios Creador
Confianza en la providencia
Jesucristo
El don del Espíritu Santo
La Iglesia
La Virgen María
Lo sagrado
La liturgia

2. En qué consiste la santidad
La gracia, virtudes y dones
La santidad
La perfección
La vocación
La fidelidad a la vocación
La gracia y la libertad

3. La lucha contra el pecado
El pecado
La penitencia
El demonio
La carne
El mundo

4. Crecimiento en la caridad
La humildad
La caridad
La oración
El trabajo
La pobreza
La castidad
La obediencia
La ley

5. Crecimiento en la santidad
La glorificación de Dios
Las edades del espíritu
El fin de esta vida


Ejercicios y participación en los foros

Ejercicio de esta sesión:
Recomendamos la lectura del libro “Síntesis de espiritualidad Católica” del padre José María Iraburu. Puedes consultarlo en línea en el enlace que se presenta en documentos recomendados o descargarlo a tu computadora dando click en los siguientes enlaces.

Primera parte
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Segunda parte
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Tercera parte
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Cuarta parte
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Quinta parte
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Deja tus conclusiones de esta sesión en los foros del curso.
Guía de preguntas que pueden ayudarte para formular tus conclusiones:
¿Cuáles son los puntos importantes de esta sesión? ¿Los he comprendido?

¿Conocía la grandeza y belleza de la espiritualidad católica o sólo por partes y no en su totalidad?

Ahora que la conozco o he recordado en su totalidad ¿qué implicaciones concretas tendrá en mi vida de dirigido o director espiritual?

¿Por qué es importante profundizar en el conocimiento de la espiritualidad católica?

¿Por qué es importante conocer la vida de los santos y sus escritos? (Como un buen ejercicio personal sería interesante elegir la vida de un santo y ver cómo expresa y vive los elementos de la espiritualidad cristiana señalados en el esquema de esta sección).

Algún comentario o sugerencia…

Para ir a los foros del curso.

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Textos recomendados para profundizar en el tema
Síntesis de espiritualidad Católica en línea desde www.Gratis date.org
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Herramientas para educar en las virtudes
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Hacia la santidad
Click aquí
Introducción a la vida devota
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¿Tienes dudas, comentarios o sugerencias? envíalas a alguno de los tutores del curso (elige uno).

Preguntas o comentarios al P. Llucià Pou Sabaté Dr. en Teología Moral

Preguntas o comentarios al P. Juan Pablo Esquivel. Dr. en Teología con especialización en Espiritualidad.

Preguntas o comentarios al P. Alberto Mestre Carbonell, Licenciado en Teología Moral
 

Preguntas o comentarios al P. Pedro Mereu SDB Sacerdote Salesiano, se dedica exclusivamente al ministerio sacerdotal en el sacramento de la reconciliación, dirección espiritual en parroquias y comunidades religiosas, y acompañamiento espiritual por medio de internet.



Preguntas o comentarios a Hna. Roxanna. Misionera, acompañamiento espiritual.

 








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