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Aprender a mirar

Un domingo cualquiera
Hay costumbres que no nos atan al pasado; nos recuerdan dónde está nuestro hogar.


Por: Rafael Moya | Fuente: Catholic.Net



El Evangelio cuenta que Jesús llegó a Nazaret y, como era su costumbre, entró en la sinagoga el sábado.

La expresión parece insignificante: “como era su costumbre”. Sin embargo, dice mucho.

También nosotros necesitamos costumbres que nos recuerden quiénes somos.

La comida del domingo. Visitar a nuestros padres. Ir a misa. Sentarnos alrededor de una mesa. Llamar a alguien que queremos. Caminar sin prisa. Preparar juntos algo de comer. Volver durante unas horas a las personas y lugares que nos hacen sentir en casa.

Vivimos en una época fascinada por lo nuevo. Cambiamos dispositivos, aplicaciones, lugares y rutinas buscando experiencias diferentes. Pero algunas de las cosas que más sostienen nuestra vida llevan años repitiéndose.



No toda rutina es monotonía.

Hay costumbres que son una manera de cuidar lo importante.

Quizá este domingo no ocurra nada extraordinario. Tal vez precisamente por eso valga la pena vivirlo con atención.

Porque también hay días comunes que, sin hacer ruido, nos ayudan a recordar dónde está nuestro hogar y quiénes son las personas con las que queremos recorrer la vida.

Evangelio: Jesús en la sinagoga de Nazaret (Lucas 4, 16).









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