Aprender a mirar
El camino de siempre
Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad

El Evangelio cuenta que Jesús recorría ciudades y pueblos acompañado por sus discípulos y por algunas mujeres que formaban parte de aquel grupo. No todos los días ocurría un milagro. También hubo kilómetros de camino, conversaciones, cansancio y lugares atravesados una y otra vez.
Nuestra vida se parece bastante a eso.
Tomamos la misma avenida, esperamos en el mismo semáforo, abordamos el transporte, pasamos por la cafetería de siempre y llegamos al trabajo por una ruta que podríamos recorrer casi de memoria.
La costumbre tiene un riesgo: podemos llegar a un lugar sin haber visto realmente nada del camino.
Dejamos de mirar el árbol que encontramos cada mañana, al hombre que abre el negocio de la esquina, a quien vende café, al vecino que sale a la misma hora o incluso a la persona que viaja todos los días junto a nosotros.
Jesús recorrió muchos caminos. Pero nunca permitió que el camino se volviera más importante que las personas que encontraba en él.
Mañana probablemente volveremos a recorrer nuestra ruta de siempre.
Quizá nada haya cambiado.
Los que podemos cambiar somos nosotros: levantar la mirada y descubrir todo lo que estaba ahí mientras pasábamos de prisa.
Evangelio: Jesús recorría ciudades y pueblos acompañado por sus discípulos (Lucas 8, 1-3).

















