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La obediencia
La obediencia debe ser por convicción, entendimiento, comprensión y aprendizaje.


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.Net



La obediencia debe ser por convicción (entendimiento, comprensión y aprendizaje), ésta se logra a base de dialogo, orientación, comunicación, apoyo consciente encaminado al bien presente y futuro de la persona y para su plena realización moral, espiritual y material.

Como padres, es importante y necesario prepararse y actualizarse, para que en el ambiente familiar y humano se tenga la capacidad de:

  • S U G E R I R

  • A D V E R T I R

  • P R E V E N I R



  • G U I A R

NO HAY MEJOR DEFINICION DE PADRE QUE: - Guía y ejemplo.

Pero desgraciadamente en los tecnicismos modernos se han confundido los términos y ahora no nos damos cuenta que lo anterior es diferente a imponer, a controlar; a no querer PERDER EL PODER, esto tiene dos consecuencias:

La primera: Como ya lo mencionamos anteriormente, produce actitudes de inconformidad e inestabilidad.

La segunda: Produce una sumisión convenenciera con la que formamos seres deshonestos, estafadores, desobligados, irresponsables, desvergonzados e inmaduros.



Como consecuencia, el niño, el adolescente, el joven que vive en un ambiente de autoritarismo e imposición puede desarrollar una fuerte sumisión hacia sus padres, tomando el patrón para una vida futura. Aprendiendo a ser de determinada forma con los superiores, con los de su misma edad y con los pequeños, inconscientemente se han tomado las actitudes de los padres, como modelo.

En otras palabras, en el ambiente que fuimos criados, en ese patrón, nos desarrollaremos.

Por eso es importante que como padres tengamos presente que nuestras actitudes están siendo OBSERVADAS y tomadas como modelo para el futuro, llamémosle a esto "aprendizaje por imitación". ¿Cuántas cosas aprendimos cada uno de nosotros en nuestra niñez y en la adolescencia observando a los demás? "Los niños aprenden más en los diez primeros años de vida que en diez años de universidad" (Sálesman). Pío XII decía: Los hijos tienen malos oídos para escuchar, pero muy buenos ojos para observar.

El compromiso, maduro, responsable y consciente de nosotros, como padres, debe ser: "Haz lo que hago, además de lo que te digo".

La autoridad debe saber delegar

No trabajar por los demás, no hacer trabajar a los demás, sino trabajar con los demás. Debe saber confiar. Porque cuando se evita la participación, cuando se trabaja por los demás, solo se logra que los demás deambulen sin rumbo fijo, se vuelvan personas sin iniciativa, conformistas, indiferentes y apáticas, porque tienen quien les haga todo.

También es importante considerar y poner la autoridad en el punto correcto de equilibrio; es por eso conveniente evitar también el paternalismo extremo porque el tratar a nuestros hijos como personas débiles e incapaces, el hacer todo en lugar de ellos, cuidarlos en exceso, es convertir y tratar a nuestros hijos como unos discapacitados.

La rectitud, la honradez y el ejemplo es la mejor autoridad. No debemos hacer las cosas en lugar de los demás ni hacer que los demás hagan lo que queremos, más bien debemos hacer las cosas entre todos.

No se trata de anular a los demás y de imponer arbitrariamente sino de estimular, apoyar y motivar a la superación común. Los hijos de padres autoritarios tienen una baja autoestima, muchos hijos están dañados por culpa y descuido de los padres. Por errores de los padres los hijos recogerán los frutos. Nuestros hijos no necesitan ser subestimados ni sobrestimados, el término medio de toda relación sana entre padres e hijos, son los derechos y deberes.

La autoridad debe ser transmisora de experiencias

Debe ayudar a descubrir la capacidad de todos los que están bajo su responsabilidad. el respeto no se consigue por la fuerza. la autoridad debe ser auténtica promotora del desarrollo individual y colectivo, del respeto, de la responsabilidad y del crecimiento físico, moral, intelectual y religioso.

A los hijos no se les debe imponer, y cada vez, a medida que crecen ya no se les podrá imponer. Pero lo que sí se va dar siempre, y es un deber, mantener un diálogo permanente (comunicación) y un buen ejemplo. ¡Jamás! Se debe evitar el diálogo con el pretexto de evitar conflictos.

El autoritarismo busca que todos estén al servicio exclusivo de uno solo. “Donde hay amor no hay miedo, al contrario, el amor perfecto echa fuera el miedo, pues el miedo supone el castigo” (1 Jn. 4, 18).

La autoridad debe ejercer justicia, ser tolerante, pero tener la capacidad de no caer en excesos. De no confundir excesos y abusos, con tolerancia. La autoridad debe ser de hecho, no de palabra, debe ser un auténtico testimonio y de aplicar la justicia en el momento preciso.

¿Por qué se debe aplicar la justicia? Porque la justicia se basa en la igualdad humana, en el respeto y en un equilibrio de derechos y deberes.

Ciriaco Izquierdo en su libro “Autoridad un reto para los papás” nos dice: “La fuerza, vence, pero no convence, esclaviza, pero no educa”.

El recomendar no caer en el autoritarismo, no quiere decir que no haya autoridad. La autoridad debe tener la capacidad y estar consciente de su responsabilidad, debe poner límites a los caprichos, libertinaje y excesos, jamás debe permitir que cada uno haga lo que quiera llenándose de egoísmo y soberbia. Se debe poner límites por el propio bien de cada uno para su futuro. La familia debe ser una familia con límites…y esos límites deben ser morales, no podemos ser familias “ilimitadas”. La tolerancia también debe tener límite.

Los derechos humanos no estarán de acuerdo conmigo, porque para esos "derechos", someter a revisión de mochilas, a examen antidoping a un niño, a un adolescente, a una joven y pasarlo a un examen con alcoholímetro como medida preventiva o correctiva y por su propio bien, para los derechos humanos es una violación a los derechos de nuestros hijos. Yo quiero entender que hablando de derechos ahora, los "derechos" deben ser ilimitados, aunque esos derechos vayan contra su propia persona, contra su propio bien y de los que les rodean. Nadie tiene derecho a destruirse y a destruir a los demás. No concibo que ahora se defienda lo negativo y perjudicial y se proteja de lo constructivo y benéfico que es un auténtico derecho. Todo lo que sea por el bien de nuestros hijos es y será siempre nuestro derecho como padres. Los papás tenemos toda la responsabilidad y todo el derecho de tomar todas las medidas previsoras y previsibles.

Los padres tenemos el derecho y la responsabilidad de proteger y preservar, que poner anticipadamente a cubierto de todo riesgo y perjuicio a cada uno de nuestros hijos. Yo sé que este tema como muchos otros de este material provocarán controversias, pero sé también que los padres positivos compartirán nuestra opinión.

Si los derechos humanos y los papás rechazan medidas correctivas, entonces deben responsabilizarse de formar, de guiar, por instruir, por amor a sus hijos y por darles a cada uno educación basada en el propio compromiso personal. Porque ahora hay una rotunda oposición a las medidas correctivas pero también hay un indiferentismo y apatía a las medidas preventivas, que son nuestra responsabilidad y una posibilidad de formar seres responsables.

Jamás se deberá permitir el despotismo, la tiranía, la falta de respeto y amor, y la ingratitud, porque será en perjuicio de los mismos involucrados.

La misión de ser padres es la más grande e importante de todas.

Es nuestro deber instruir para que nuestros hijos tomen las decisiones correctas.

Es nuestro deber formar personas íntegras.

Debemos dirigir, pero no atosigar e invadir su intimidad

Debemos educar con hechos

Debemos dar ejemplo en la vida diaria

Tratar de ser congruentes entre lo que se dice con lo que se hace

Ser convincentes no impositores

Es nuestra responsabilidad dar apoyo y estímulo

Es importante motivar para que desarrollen sus propias capacidades

Es necesario aplicar correctivos y enseñar la justicia para formar seres verdaderamente íntegros. Nuestra sociedad y nuestra familia necesitan seres humanos y personas con auténticos valores.

El problema de la actualidad:

El autoritarismo en las personas mayores es un problema en el que se requiere un trabajo titánico en el que se deben tratar de concientizar de las funestas consecuencias, aunque hay que aceptar, que en la mayoría de los casos es muy difícil, sino es que imposible erradicar, por no tener el valor suficiente para aceptar los errores estar dispuestos al cambio.

La falta de comunicación, el autoritarismo, el machismo; los vicios, la falta de diálogo, la ineptitud y el egoísmo nos impiden comprender a los hijos, son factores que destruyen toda posibilidad de vivir un ambiente de afecto y esto por consecuencia trae el alejamiento y posteriormente hasta el rompimiento entre las jóvenes y los adultos.

Los jóvenes y los adultos sabemos hablar, pero necesitamos aprender a escuchar. Todos debemos tener oportunidad de dialogo, de desvanecer las inconformidades que enturbian las relaciones. Los jóvenes no aceptan que se les impongan estructuras decadentes, formalismos arbitrarios y modos de pensar anclados en el pasado y en el autoritarismo.

El autoritarismo se vuelve un obstáculo infranqueable en las relaciones entre padres e hijos, entre niños, adolescentes y jóvenes con los adultos. No olvidemos que en la familia y en la sociedad no se puede ni se debe vivir en monólogo, sino en continuo diálogo. Yo les aseguro queridos padres de familia, que el diálogo, la comunicación y la confianza, no hacen perder la autoridad, por el contrario, la afirman.

El objetivo de hacer énfasis en el autoritarismo y el machismo y dedicarle un capítulo, más que nada se debe a las consecuencias, a la urgente necesidad de tomar medidas preventivas, de detectar las causas y los efectos nocivos para evitar que las nuevas generaciones hagan lo mismo por imitación. Es absurdo pretender construir una casa sin cimientos.

Un sabio consejo japonés dice: “Si se quiere combatir la malaria, en vez de ponerse a matar mosquitos, hay que secar los pantanos”. El Cardenal Joseph Ratzinger, dice: “Si en verdad se quiere combatir el problema, no hay que ir solo a las ramas, ni al tronco, sino a las raíces”.







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