La lluvia sobre la ciudad
Por: Rafael Moya | Fuente: Catholic.net

Cuando comienza a llover, la ciudad cambia de ritmo. Algunos buscan refugio, otros aceleran el paso y no falta quien mire el cielo con preocupación porque sus planes tendrán que esperar.
Sin embargo, la lluvia también tiene otra forma de hablar. Limpia el polvo de las calles, refresca los árboles y recuerda que la vida necesita agua para renacer.
También el corazón conoce sus propias lluvias. Hay días marcados por las lágrimas, las pérdidas o las decepciones. Momentos en los que quisiéramos que todo volviera a ser como antes.
Dios no siempre evita la tormenta. Muchas veces camina con nosotros mientras la atravesamos.
Después del diluvio apareció un arco iris. Después de la cruz llegó la Resurrección.
La lluvia nunca tiene la última palabra.
Siempre anuncia que la vida puede volver a florecer.
Hasta la lluvia puede convertirse en una bendición cuando Dios camina con nosotros.
Oración a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo
Señor Jesús, que por amor derramaste tu Preciosísima Sangre para la redención del mundo, te adoramos y te damos gracias por el inmenso don de tu misericordia.
Purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y haz que vivamos siempre unidos a Ti. Que tu Sangre preciosa nos proteja del mal, nos conceda la gracia de la conversión y nos impulse a ser testigos fieles de tu Evangelio. Te ofrecemos nuestras alegrías, trabajos y sufrimientos, para que, unidos a tu sacrificio, den fruto de santidad y amor.
María, Madre de la Iglesia, acompáñanos en nuestro camino hacia Cristo.
Amén.















