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La ciudad despierta
La ciudad despierta cada mañana con el mismo movimiento.


Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad



La ciudad despierta cada mañana con el mismo movimiento. Los semáforos cambian de color, el transporte se llena y las cafeterías abren sus puertas mientras miles de personas comienzan un nuevo día. Desde fuera parece la misma rutina de siempre.

Pero basta mirar con un poco más de atención para descubrir otra ciudad. La de quienes cargan una preocupación que nadie conoce; la de quien espera un diagnóstico, busca trabajo, enfrenta una pérdida o simplemente intenta reunir fuerzas para seguir adelante.

Es ahí donde Cristo camina.

No suele hacerse presente en medio del ruido. Lo encontramos en la serenidad de quien escucha, en la mano que sostiene, en una palabra que anima o en un gesto de misericordia que devuelve la esperanza.

La ciudad no cambia porque desaparezcan sus problemas. Cambia cuando alguien decide mirar al otro con los ojos de Cristo.



Porque el Reino de Dios suele comenzar en lo pequeño.

Oración a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

Señor Jesús, que por amor derramaste tu Preciosísima Sangre para la redención del mundo, te adoramos y te damos gracias por el inmenso don de tu misericordia.

Purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y haz que vivamos siempre unidos a Ti. Que tu Sangre preciosa nos proteja del mal, nos conceda la gracia de la conversión y nos impulse a ser testigos fieles de tu Evangelio.

Te ofrecemos nuestras alegrías, trabajos y sufrimientos, para que, unidos a tu sacrificio, den fruto de santidad y amor.



María, Madre de la Iglesia, acompáñanos en nuestro camino hacia Cristo.

Amén.

 







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