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¿Y si Sí?
Por todos lados hemos leído...


Por: Alejandro Patrón | Fuente: Catholic.Net



Por todos lados hemos leído, escuchado y quizá hasta compartido en redes sociales la famosa frase: “¿Y si sí?”. ¿Y si sí ganamos el torneo mundial? ¿Y si sí hacemos historia? ¿Y si sí llegamos a la famosa siguiente fase... o incluso más lejos? Y te voy a decir la verdad: hasta yo me estoy emocionando con el equipo mexicano. Ver a la gente ilusionada, reunida en familia o con amigos para apoyar a su equipo tiene algo muy bonito: la esperanza. Porque al final, la frase “¿Y si sí?” es una frase de esperanza. Pero aquí es donde sale mi versión de “señor católico” y quiero hablarte de Dios usando precisamente esa frase que hoy todo México repite. Me imagino a los apóstoles caminando junto a Jesús. Lo veían predicar, sanar enfermos, multiplicar panes, devolver la vista a los ciegos y realizar tantos signos extraordinarios. Y pienso que más de una vez debieron preguntarse en su corazón: “¿Y si sí? ¿Y si sí es Él el Mesías prometido? ¿Y si sí es el Hijo de Dios? ¿Y si sí vale la pena dejarlo todo para seguirlo?”. Sin embargo, cuando Jesús fue crucificado, muchos de ellos volvieron a la tristeza, al miedo y a la duda. Aquella esperanza pareció derrumbarse. Pedro lo negó. Algunos huyeron. Otros se encerraron por miedo.

Pero después llegó la Resurrección. Cristo se presentó vivo ante ellos y entonces dejaron de preguntarse “¿Y si sí?” para empezar a decir con certeza: “Sí. Verdaderamente Él es el Señor”. Y creo que algo parecido nos sucede a muchos de nosotros. Hay momentos en los que nos emocionamos y pensamos: ¿Y si sí Dios me está hablando? ¿Y si sí escucha mis oraciones? ¿Y si sí tiene un plan para mi vida? ¿Y si sí puede sanar mis heridas? Pero cuando llegan las dificultades, cuando las cosas no salen como esperábamos o cuando parece que Dios guarda silencio, volvemos rápidamente a la incredulidad, a la frustración y al desánimo. Nos parecemos mucho más a los apóstoles de lo que creemos. Sin embargo, aquellos hombres cambiaron el mundo no porque nunca dudaron, sino porque decidieron confiar. Cuando sus corazones se llenaron de fe, de valor y de la certeza de que Cristo había vencido a la muerte, fueron capaces de cumplir la misión que Dios les había confiado.

Por eso hoy quiero proponerte una pregunta diferente: ¿Y si sí confías plenamente en Dios? ¿Y si sí le entregas tus planes? ¿Y si sí perdonas a esa persona? ¿Y si sí respondes a esa vocación que sientes en el corazón? ¿Y si sí decides seguir a Cristo con todo? ¿Qué podría pasar? Tal vez descubras que Dios puede hacer mucho más de lo que imaginas. Porque la fe comienza muchas veces con un sencillo: “¿Y si sí?”, pero está llamada a convertirse en una convicción capaz de transformar toda tu vida. Y quién sabe... quizá Dios también está esperando que dejes de preguntarte “¿Y si sí?” y que empieces a decir: “Señor, confío en Ti”.







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