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Teología de la liberación, una reflexión
La teología de la liberación prendió en algunos medios católicos como una novedad importante a respaldar.


Por: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.Net



Hace ya unos buenos años, algunos sacerdotes como Gustavo Gutiérrez y Leonardo Boff, impulsaron en América Latina una corriente de interpretación de lo que se llama la “opción por los pobres” de la iglesia católica. Se trataba de una idea de liberación de los pobres de la opresión de los poderosos, en especial de los ricos con poder. Y esa llamada teología de la liberación prendió en algunos medios católicos como una novedad importante a respaldar.

 

En esos mismos años, había yo terminado una sólida formación profesional de economía y otras disciplinas relacionadas en el Tecnológico de Monterrey y en la Universidad de Nuevo León. Paralelamente y en sincronía con las ciencias sociales, había yo descubierto en plena Preparatoria la maravilla apostólica de la doctrina social de la iglesia, en las grandes encíclicas Rerum Novarum y Quadragesimo Anno, y me había involucrado, por mis actividades de la Acción Católica, en su estudio, difusión y búsqueda de aplicación en nuestro medio socio económico y político.

 

Entonces, con estos antecedentes, fui a ver al gran predicador de dicha doctrina social de la iglesia en México, el Padre Pedro Velázquez y su Secretariado Social Mexicano, entonces el órgano oficial de la iglesia en México de la doctrina social católica, e inicié mi colaboración con esos sacerdotes y algunos seglares. Participé en algunas de las actividades del Secretariado y en una organización paralela llamada Instituto Mexicano de Estudios Sociales, A.C. (IMES). Y de allí colaboré (para después convertirme en socio) en la Unión Social de Empresarios Mexicanos, la USEM, siempre en la búsqueda de la aplicación de la doctrina social a la realidad vivida.



 

Como profesional de las ciencias sociales y de su estudio en la realidad mexicana y latinoamericana, me informé de las prédicas de los promotores de la teología de la liberación y en sus publicaciones, lo cual de inmediato me llevó a unas conclusiones elementales: ninguno de ellos ni sus seguidores a quienes leí demostraban tener siquiera conocimientos básicos de ciencias sociales, y que hacían análisis gravemente deficientes de la realidad social latinoamericana. Además, sus intentos de interpretación marxista de la misma carecían de conocimientos del propio marxismo para entender la realidad social.

 

Quiero insistir, con toda la buena intención que tuvieran esos promotores de la teología de la liberación, simplemente, como estudiosos sociales, fallaban ingenuamente (por así decirlo) en la búsqueda apostólica de la fundamental opción preferencial por los pobres de la iglesia. Hice entonces observaciones en los medios promotores de la doctrina social católica de las fallas de origen de la teología de la liberación. En el Secretariado Social y con su director el Padre Velázquez y sus sacerdotes colaboradores, la aparición de la teología de la liberación fue tomada con mucho recelo, y eso con gran simpatía con la buena intención apostólica de los teólogos de la liberación. Eso lo viví de primera mano.

 



Podemos recordar que luego los Papas fueron también muy cuidadosos al referirse a la teología de la liberación y al trato fraterno de los sacerdotes que la promovían. La iglesia, tanto en México como en los países sudamericanos en los que nació y algo prosperó y creó choques dentro de la misma, nunca aceptó que las interpretaciones de la teología de la liberación coincidieran con las luchas y acciones a favor de los pobres y de hacer justicia social a su favor, que a través de los siglos la iglesia había hecho y hace por los pobres, siendo voz en contra de las injusticias sociales de poderosos que los han explotado o simplemente desdeñado y olvidado.

 

El choque de los teólogos de la liberación con otros sacerdotes y con autoridades eclesiásticas, en especial en sus países de origen y con el Vaticano, fue una lógica consecuencia de los errores (que tan claramente yo mismo encontré) en la interpretación de las enseñanzas evangélicas a favor de los pobres y de la realidad social, económica y política. Yo por mi parte critiqué fundamentalmente que las interpretaciones y estudios de los teólogos de la liberación carecían de valor científico y que llegaban, desde algunos aciertos, a muchas conclusiones erróneas.

 

A estas alturas, en que de alguna manera veo que vuelve a salir a la luz la teología de la liberación, la considero algo propio de un pasado fallido. E insisto, para terminar, en el asombro que tuve de ver que los teólogos de la liberación carecían de bases científico-sociales y hasta marxistas para interpretar la realidad de la pobreza latinoamericana en la que se centraban. Tema cerrado para mí, pero quise dejar mis reflexiones al respecto de su gran auge decenios atrás. Y decidido a continuar la propagación de la verdadera lucha por la justicia social y la acción preferencial por los pobres que predica y practica la iglesia católica.







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