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Evangelización como esencia de los laicos
"Los laicos están llamados por Dios a contribuir, desde dentro del mundo, a la santificación del mundo, a modo de fermento."


Por: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.net



A través de los siglos, desde que Jesucristo envió a sus discípulos a compartir la “Buena Nueva” de su predicación evangélica, en la Iglesia siempre ha habido y hay un rol evangelizador de los cristianos laicos, no solamente de obispos, sacerdotes y religiosos. La muy mencionada “hora de los laicos” es una hora de siempre, pero se ha citado para animar a los laicos a desempeñarse con su vida como participantes de la evangelización en nuestros tiempos.

 

De entre sus discípulos hubo una docena de apóstoles a quienes el mismo Jesús les confirió el don del sacerdocio, con determinados poderes y autoridad. Pero los demás, a quienes envió a predicar, como los 96 de dos en dos, eran realmente laicos. Y en su expansión de las primeras iglesias, los apóstoles, incluido Pablo, se hicieron ayudar tanto por presbíteros y obispos que con el poder que el Maestro les dio los nombraron como tales. Pero además de ellos, ya en esos primeros años del cristianismo muchas otras personas neocristianas compartieron la misión de llevar el evangelio a no creyentes, incluyendo persecución y martirio de muchos.

 

A través de los siglos, la Iglesia ha reconocido la santidad de muchos fieles laicos a quienes ha llevado a los altares para ejemplo de muchos y como intercesores ante el mismo Jesús. La Iglesia jerárquica no solamente ha predicado de palabra y de obra el evangelio, sino también muchos laicos, la mayoría de los cuales solo se conocerán el Día del Juicio, como bienvenidos a la gloria de Dios. Pero con el cambio de culturas sociales, políticas y religiosas del mundo, en nuestro siglo los laicos tienen, tenemos, enormes responsabilidades de evangelización de palabra y sobre todo de obra, de ejemplo de vida.



 

En sociedades muy desculturizadas religiosamente como las que estamos viviendo, la acción de la jerarquía eclesiástica y de los religiosos, es desde despreciada hasta atacada por muchos, cada uno por sus motivos o fobias. Pero en el medio que conocemos como “el mundo”, “el siglo”, los seglares tienen campo de acción para llevar a las sociedades diversas el mensaje del evangelio.

 

Dentro de la familia, de las diversas comunidades y organizaciones, de la academia, la política y de la vida social en general, los seglares tienen oportunidad de dar a conocer, vivir y defender el evangelio. Y la iglesia, en especial los Papas, han insistido y vuelto a insistir en la oportunidad y responsabilidad laicales de llevar la Palabra al mundo en que vivimos cada seglar.

 



El Papa y los demás obispos hacen llamados a las naciones y al mundo para que crean y se salven en Cristo, que respeten a la persona humana como criatura de Dios, pero esas acciones llegan a tener muros humanos, sobre todo con poder político, militar y hasta social para detener y hasta descalificar el mensaje episcopal, y buscando que los mensajes y las exigencias de la Iglesia jerárquica se eliminen y se rechacen por la ciudadanía. Y las persecuciones contra los creyentes incluyen tanto a la jerarquía como al laicado, con ataques que hasta los llevan al martirio.

 

Las voces de la jerarquía no pueden, por diversas causales y rechazos mundanos y anticristianos, llegar a tantas personas como sí pueden llegar personalmente las voces de los laicos en su familia, en su medio de vida. El laico debe sentirse portador privilegiado por Dios para llevar la Buena Nueva a quienes están a su alcance. Y un papel importante para los seglares con posiciones de poder o de influencia, es la defensa de la iglesia en los ámbitos políticos, académicos, sociales y de medios de comunicación.

 

Los laicos en el mundo cristiano muchas veces se han organizado formal o informalmente para defender los grandes principios cristianos y en especial la defensa de los derechos humanos, empezando por el de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Y lo han hecho siguiendo solicitudes y órdenes jerárquicas y hasta en muchas ocasiones de propia iniciativa.

 

En nuestro tiempo los seglares han colaborado para la difusión y ejemplo del evangelio, pero lo que falta por hacer es mucho más grande de lo que se hace. Quienes de alguna manera conscientemente viven y hablan por el mensaje de Cristo de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo, ganarán la gloria prometida por Cristo para los que le sirven y le aman y Él hará fructificar sus esfuerzos y oraciones.

 

Como dijo el Señor a sus discípulos: la mies es mucha y los trabajadores pocos (Mt 9:37), y como la Iglesia pide constantemente al Señor que envíe más trabajadores a sus campos: más sacerdotes y religiosos, también pide que lleven más al hogar y medio de vida de cristianos seglares, a laicos a predicar el evangelio. Cada cristiano laico debe tomar esa cruz de no cejar de compartir de palabra y de obra el mensaje cristiano, ante un mundo que se aleja, en el confort de vida de millones de seres, de la misma existencia del Creador y en medio de un ateísmo desbordado.

 

Y hay algo muy especial en el que los laicos pueden y deben participar de la predicación evangélica, y es con miles de millones de oraciones elevadas constantemente a Dios por la salvación del mundo. La oración es la gran arma cristiana, laical, para ganar corazones para Dios, en especial la del santo rosario.

 

Para llevar adelante la predicación del evangelio, la llamada hora de los laicos, es en lo personal la vida misma, hasta que el Señor decida concluirla, que el límite de esa hora laical de llevar el mensaje de la Buena Nueva sea el de nuestra propia vida. Oremos porque así sea, oremos para que a cada uno de los laicos el Señor nos de la fuerza y nos inspire con su Espíritu Santo para evangelizar de palabra y de obra.







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