María: el SÍ que lo cambió todo
Por: Alejandro Patrón | Fuente: Catholic.Net

Cuando empiezas a ir al catecismo hay una historia que seguro escuchas desde el primer día: “Eva comiendo del fruto prohibido”.
Y aunque podríamos hablar largo y tendido de cómo no solo Eva, sino también Adán desobedece, curiosamente casi siempre el reflector se queda más tiempo sobre Eva.
Y a lo largo de las historias que conocemos en la Biblia, vemos ese mismo patrón:
la mujer cargando con estigmas, siendo señalada, minimizada o incluso excluida.
Un patrón que, al final de cuentas, reflejaba una realidad mucho más profunda y triste (aunque no siempre evidente): el ser humano se había alejado de Dios.
Pareciera que a nuestros primeros padres se les olvidó algo fundamental:
Dios todo lo hace bien.
Por eso no es casualidad que Dios haya querido redimir la historia de la humanidad a través de una mujer: la Virgen María.
Seguramente has escuchado más de una vez frases como: “María es el verdadero ejemplo de madre”, “María es el modelo de esposa”, “María es el ideal de mujer”.
Y sí… todo eso es verdad, pero déjame decirte algo todavía más grande que cualquier montaña: La Virgen María es el mayor ejemplo para TODOS los que nos llamamos católicos.
María es el ejemplo más perfecto de lo que la Iglesia llama “la obediencia de la fe”.
No una obediencia ciega, ni resignada, ni forzada, sino una obediencia confiada, libre y llena de amor.
Ella vivió esa obediencia a lo largo de toda su vida, incluso en su última y más dura prueba, al pie de la Cruz.
Y mientras tú hiciste tu propósito de Año Nuevo de rezar un rosario diario y que quizá ya fallaste un día porque te dio flojera, María permaneció fiel hasta el final, incluso cuando todo parecía perdido.
Ella acogió la promesa del ángel creyendo algo que hoy seguimos escuchando, pero que pocas veces vivimos: “Nada es imposible para Dios.”
“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”
Yo te pregunto a ti lector: Qué tan dispuesto estarías tú a decirle a Dios:
“Señor, quítame mi empresa, mis planes, mis seguridades; cambia lo que sea que quieras, que yo confío en Ti”
¡Eso fue lo que hizo María! No tenía el control, no entendía todo, no tenía garantías humanas…solo tenía fe.
Por su obediencia, María es llamada la Nueva Eva. No como una simple comparación, sino como un signo de que donde hubo desobediencia, ahora hay confianza. No como redención “de la mujer”, sino como cooperación libre en la salvación propia y de todo el género humano.
Por su total adhesión a la voluntad del Padre y por su unión profunda a la obra redentora de su Hijo, María es modelo de fe y de caridad para toda la Iglesia.
En este nuevo año, aprendamos de ella, María no nos apunta a ella misma,
Nos apunta a Cristo.
No nos dice “mírenme”,
nos dice: “Hagan lo que Él les diga.”



















