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Reflexión especial de Nochebuena
La noche en que todo se vuelve posible


Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad



Esta noche es distinta.
No porque haya más luces en las calles,
ni porque la ciudad parezca detenerse un poco,
ni porque la nostalgia se asome entre los sonidos.
Es distinta porque, de alguna manera misteriosa,
el corazón entiende que algo sagrado está por suceder.

Hoy, en medio de mis rutinas, mis cansancios y mis deseos,
sentí que el Adviento se cerraba como se cierran los ojos
antes de recibir una sorpresa.
Con expectativa.
Con vulnerabilidad.
Con apertura.

La Nochebuena no es una noche perfecta.
No todas las familias están completas,
no todas las mesas están llenas,
no todas las ciudades están en calma.
Pero Dios nunca ha necesitado condiciones ideales
para llegar.

Él entra donde hay espacio,
aunque sea pequeño.
Donde hay un poco de fe,
aunque tiemble.
Donde hay un corazón abierto,
aunque esté herido.

Esta noche quiero hacer un gesto sencillo:
detenerme, aunque sea un minuto,
y reconocer que Dios viene a mi vida
tal como está hoy.
Sin pedirle maquillaje,
sin exigirle perfección,
sin esperar a que yo resuelva todo primero.



Dios viene ahora.
A esta historia concreta.
A este cansancio.
A estos anhelos.
A esta ciudad que corre, se agita y a veces duele.
A este corazón que ha aprendido a esperar.

Esta noche, mientras escucho el murmullo de la ciudad
y veo cómo algunas ventanas se llenan de luz,
recuerdo algo esencial:

Dios elige nacer en lo sencillo
para que nadie tenga miedo de acercarse a Él.

En un pesebre pobre,
en un pueblo pequeño,
en una noche silenciosa
que parecía cualquier otra,
la Luz entró al mundo.

Y sigue entrando así:
sin ruido,
sin imponerse,
sin espectáculo.



Solo con amor.

Hoy quiero abrirle un espacio.
Aunque sea un rincón frágil,
aunque sea un hueco en mi agenda,
aunque sea un “sí” tembloroso.
Porque ahí, precisamente ahí,
es donde Él prefiere nacer.

Esta Nochebuena no me pide grandezas.
Me pide disponibilidad.
Ternura.
Silencio.
Una rendija abierta.
La certeza humilde de que Dios no falla cuando promete venir.

Y viene.
Viene hoy.
Viene aquí.
Viene para mí.

Que esta noche bendita me encuentre despierto,
agradecido,
y con un corazón capaz de reconocer la Luz
cuando toque la puerta.

Porque esta es la noche
en que todo se vuelve posible.

 

Pregunta

¿Qué espacio pequeño de tu vida quieres abrir esta noche para que Dios pueda nacer en él?

 

Acción breve (Cristo en la Ciudad)

En algún momento de esta noche, apaga todo un instante.
Quédate en silencio.
Y di:
“Señor, nace en mí.”
Ese gesto basta para que la Navidad empiece.

 

 







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