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Miércoles 10 de diciembre del 2025 - Adviento

La reconciliación es el puente que nos regresa al camino del Señor
"En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados". (1 Juan 4, 10)


Por: Silvia del Valle | Fuente: Catholic.Net



“Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia”. (1 Juan 1, 9)

Reflexión:

El tema de la reconciliación en la actualidad es muy polémico porque algunos dicen que con que le digas a Dios tus pecados y te arrepientas es suficiente, que no necesitan de los hombres para comunicarse con Dios, pero esto es algo que la sociedad actual nos quiere imponer. San Juan Pablo II nos dice en su homilía del 11 de diciembre de 1986, ya preparándonos para la Navidad: “La reconciliación implica confesar nuestros pecados para recibir el perdón de Dios, que restaura la paz interior y las relaciones. Es un acto de misericordia que une al pecador con el Padre, superando las fracturas del corazón y promoviendo una vida coherente con el amor divino”.

Es bueno recordar que para hacer una buena confesión necesitamos dar cinco pasos: examen de conciencia, poniéndonos ante Dios que nos ama y quiere ayudarnos para analizar nuestra vida y abrir nuestro corazón sin engaños y recordar nuestros pecados; arrepentimiento, para sentir dolor por haber ofendido a quien más nos quiere: a Dios; propósito de no volver a pecar, es importante comprometernos y trabajar para no volver a caer en pecado, pero si lo hacemos por nuestra debilidad, nos comprometemos a seguir luchando contra el pecado; confesar los pecados al sacerdote, hagamos a un lado la vergüenza y digamos lo que traemos en el corazón con la confianza de que es Dios quien nos escucha; y recibir la absolución y cumplir la penitencia, el momento más hermoso pues recibimos el perdón de Dios. La penitencia que debemos cumplir es un acto sencillo de reparación por nuestras faltas y que hacemos llenos de amor y gratitud.

Si logramos reconciliarnos con Dios y después con nuestros hermanos estaremos escuchando la voz que clama “Preparen el camino del Señor”, ante todo, para que nazca en nuestro corazón.



Oración:
Amado Señor, que conoces lo que hay en mi corazón, dame tu gracia, ilumina mi conciencia para que pueda reconocer con claridad y sinceramente mis pecados y comprender que con ellos te he ofendido. Trae a mi mente todo lo malo que he hecho y todo lo bueno que he dejado de hacer. Concédeme el dolor por cada uno de ellos para que no quiera volver a ofenderte de esa manera. Haz que mi corazón los rechace por amor a Ti. Ayúdame a confesarlos con prontitud y sin pena, para que mi confesión sea total y plena. Dame la gracia de que pueda repararlos para bien propio y de los hermanos a los que afecté con ellos y así pueda recibir tu perdón con el corazón pleno y lleno de tu Amor para que sea todo tuyo y así alcance la vida eterna. Amén.

Para reflexionar en el día:
¿Qué heridas debo sanar para reconciliarme con los demás y con Dios? ¿Cuáles son los pecados repetitivos que atormentan mi corazón y me impiden tener una amistad plena con Dios?

Actividad para hoy:
Escribe una carta de disculpa a alguien a quien has ofendido (aunque no la envíes), y luego ora por esa persona. En familia conversen sobre un conflicto familiar reciente y busquen una solución de reconciliación mediante el diálogo y la oración.

Recuerda que Dios siempre nos dice:

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados”. (1 Juan 4, 10)









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