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Jueves Santo

Los amó hasta el extremo
Meditación al Evangelio 28 de marzo de 2024 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Todo se desarrolla en un el círculo íntimo de una Cena, pero la cena más importante para los judíos, la cena pascual. Más allá de toda la carga ritual y celebrativa que ya tiene esta Cena, para Jesús reviste una gran importancia: es la última cena, donde dejará su herencia a sus amigos y discípulos, donde hará su donación de amor, donde confiará su misión a los futuros sacerdotes. La principal herencia inicia con el ejemplo y con las palabras: el servicio y el amor.

Lavar los pies a sus discípulos es el aprendizaje básico de todo el que quiere seguir al Maestro. Solamente los esclavos hacen este servicio, pero el Maestro, el Mesías, es ahora quien se inclina para lavar los pies a sus discípulos. No es representación, es signo de lo que ha sido toda su vida: “No he venido a ser servido sino a servir”. En esto estriba la nota principal del seguimiento y lo que da sentido a una vida: servir.

Pero servir desde el amor, por eso Jesús da lo que Él ha llamado “el nuevo mandamiento”: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”. La medida de nuestro amor debe ser el amor de Jesús. Así como Él ama a todos, a justos y pecadores, hasta dar la vida por ellos, también nosotros debemos amar. Y Jueves Santo es el día del amor. Jueves santo es el día de la entrega total de Jesús por todos los hombres.

Su signo es un pan que se divide y comparte para ser comido por todos. Un pan que da vida y fortalece. Un pan que une y que restaura, un pan que hace comunión y reconoce la dignidad de cada uno de los comensales. Jueves Santo es el día de la Eucaristía. Es el día de la manifestación de Jesús que en su locura de amor se quiere quedar con los suyos para entrar en su interior, para unirse a ellos, para acompañarlos en su vida. Jueves Santo también es el día del sacerdocio.

Los últimos tiempos han estado señalados por una fuerte crítica brotada de los desafortunados acontecimientos que han involucrado a varios sacerdotes en infidelidades y contradicciones. Es el gran desafío que ha tenido que arriesgar Jesús al dejar sus grandes dones en frágiles vasos de barro. Lo muy humano de cada uno está expuesto a romperse. Sin embargo este Jueves Santo seguimos recordando que Cristo deja en manos de hombres, débiles, frágiles y propensos a la caída, uno de sus más grandes tesoros: la Eucaristía.



Hagamos nuestra oración por cada uno de los sacerdotes, ayudemos a sostenerlos en fidelidad y amor a Cristo. Vivamos este Jueves Santo como el día del servicio, del amor, de la Eucaristía y del Sacerdocio.







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