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La juventud, motor de esperanza
Tantos jóvenes que son héroes desconocidos que levantan la sociedad con sus obras, con sus sacrificios diarios.


Por: Pbro. Jacinto Rojas Ramos | Fuente: Semanario Alégrate



El papel de los jóvenes parece que no pasa desapercibido a lo largo de toda la historia. Para bien o para mal, siempre son los nombrados, siempre son los protagonistas de grandes acontecimientos.

Por mucho que pase el tiempo, parece que, en cada etapa de la historia, los jóvenes son aquel puñado de la sociedad a la que no se la toma en serio y por eso mismo, se les echa en cara muchos errores y se les etiqueta de forma errónea.

Es cierto que la juventud es sinónimo de pasión, de aventuras, de emociones, de conocer, pero también de construir, de crecer, de enriquecerse, de sorprenderse.

Hay en los jóvenes un espíritu revolucionario, soñador, inquieto e inconformista que les da la posibilidad de cambiar el mundo. Pero de cambiarlo a bien, de poner los dones y el espíritu luchador y creativo al servicio de acercar la sociedad a la Verdad y a la Belleza. De hacer posible un mundo más justo, más coherente y más bello.

Por lo tanto, ser joven no es sólo ser un puñado de decisiones impulsivas y pasionales, sino que, gracias a la grandeza de espíritu que tienen, de ellos dependen muchas cosas.



Los jóvenes no somos el futuro, sino el ahora de Dios.

San Juan Bosco nos recuerda que no hay jóvenes malos, sino que hay jóvenes que no saben que pueden ser buenos. Muchas veces hace falta que se les recuerde todo el bien que pueden hacer simplemente dando lo mejor de cada uno, al tiempo que estudian, trabajan o hacen cualquier actividad.

La juventud, en palabras de San Josemaría, no debe ser una especie de tiempo de espera, a resultas de lo que las circunstancias y el destino les acabe por deparar. Es una época densa, llena de sentido en sí misma y preñada de pulsiones que apuntan hacia el futuro. Y, si se vive con la mirada puesta en Dios, el espíritu de la juventud acaba por teñir todo el curso de la vida terrena, ya que, desde una perspectiva de eternidad, siempre están comenzando.

Hace falta una sociedad que fascine a los jóvenes, que despierte las inquietudes dormidas, una sociedad que les abra los ojos, que haga enamorarlos de la vida.

No debemos estar siempre esperando una sociedad mejor, son ustedes los jóvenes los que día a día tienen que formarla. Llevando en su equipaje diario la entrega, la alegría, la lucha, el optimismo, el esfuerzo y el amor a los demás basándolo en lo que Cristo los ama. ¡Es posible!



Desde siempre tenemos jóvenes que han luchado por lo que han creído: Sophie Scholl fue una joven alemana cristiana que tuvo la valentía de revelarse contra el régimen nazi; Dorothy Day fue una joven de los años ´90 conversa al catolicismo que fundó una asociación para defender los derechos de los trabajadores. Y así, muchas más historias de jóvenes valientes.

Tantos jóvenes que son héroes desconocidos que levantan la sociedad con sus obras, con sus sacrificios diarios, con su ejemplo, ellos son la roca que sostiene la sociedad. ¿Acaso se ve el motor de un coche? No, pero es lo que hace que funcione. De esta manera hay muchos jóvenes que ocultos hacen tanto bien y acercan a otros a descubrir la verdadera Belleza. Como dice la joven Santa Teresita del Niño Jesús: “pasemos nuestro cielo en la tierra haciendo el bien”.







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