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Ante los problemas nuestra paz interior crece, si tenemos confianza en Dios
Cuando tengamos esta paz, podremos llevarla a los demás, que a su vez la expandirán pues el bien es difusivo.


Por: Llucià Pou Sabaté | Fuente: Catholic.net



La paz es el sosiego interior, sin agitación ni angustias. Es un estado de ánimo o disposición afectiva que viene de haber logrado un equilibrio estable en los afectos; aunque puede darse de modo natural, lo más corriente es que sea una conquista.1 Conquista de unos hábitos que venzan las tendencias angustiosas, excitación, inquietud y remordimiento… que como una bola de nieve si se les deja crecer pueden dominarnos. Todo depende de la comprensión y la aceptación consiguiente, de sí mismo y de todo lo que pasa. 

Además, la paz no solo cambia la interpretación del pasado de modo que haya una aceptación con una visión positiva de todo ello, sino que construye un futuro mejor con su visión prometedora y segura, sin incertidumbre ni una visión descontenta de la vida. Todo esto parece muy difícil pero en realidad no lo es. Simplemente es trabajoso, como todo lo que se precia. 

La paz es sobre todo algo interior; en el exterior habrá cosas que no funcionan pero si hay paz interior poco a poco se haciendo la paz en el exterior. Esto es como en la radioactividad, que cuando hay una cierta masa crítica se produce una reacción en cadena. «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5, 9); y así, cuando haya un número de personas que sean “constructores de paz”, habrá esa masa crítica, y se irá produciendo esa reacción en cadena, esa revolución pacífica donde todos seremos hermanos, podremos vivir como hijos de Dios. 

Además, la interioridad ayuda a vivir con los problemas, porque no se ven como problemas, sino como procesos que aún no somos capaces de entender. Cuando tengamos un nivel de consciencia más alto, un contexto mental más amplio, veremos esas cosas como algo que ya comprendemos, y ya no serán problemas porque habremos terminado ese proceso de comprensión, y aparecerán otros procesos que nos tocará aprender. Algo así como cuando las matemáticas se van aprendiendo a medida que avanzamos en la escuela. Y la vida es una escuela donde hemos venido a aprender esa comprensión de amor. Esa es la auténtica sabiduría. 

Si algo falta en la humanidad es paz. En nuestro tiempo vemos que hay falta de paz en las personas, en las familias, en la sociedad, en los países. La paz interior es condición capital del desarrollo humano, y la ansiedad y la angustia son catalogados como el mayor mal de nuestro tiempo. Vivimos en permanente situación de conflicto, a nivel personal, familiar, profesional y social. Precisamente cuando tenemos un bienestar que nunca ha habido en la historia (sin guerras cercanas, sin lucha por la supervivencia, con una medicina cada vez más avanzada, etc.) y precisamente cuando habría motivos más que suficientes para saltar de alegría, aparece la angustia vital, la falta de paz, depresión, etc. Cuando parecía que podíamos disfrutar de tanto bienestar, y tranquilidad mental, muchos entran en crisis de ansiedad.



Por tanto, no hemos de pensar que cuando no tengamos problemas podremos vivir en paz. Cada uno que piense lo que en algún momento nos hace perder los nervios. ¿Qué hacemos entonces? Comprender que son situaciones, personas, que nos ponen a prueba. Pero saber las fuentes de la falta de paz no es la solución, aunque es parte de ella. La verdadera solución es crecer en interioridad, es decir en comprensión profunda. Y cuando hay comprensión (con aceptación) y entrenamiento, todo esto es aprendizaje para ya no tener conflictos. Así, la paz será “tranquilidad en el orden”2 interior, como decía San Agustín. A veces vemos que la casa está revuelta porque los niños lo han dejado todo patas arriba, que hay mucho trabajo por hacer. Y quien dice la casa, puede ser la sociedad, el país, el mundo. Entonces, lo importante es el orden interior, que en medio del desorden exterior encontremos esa “brújula interior” para saber qué es lo importante, y priorizar eso… luego, poco a poco, se irá haciendo el orden en el exterior. Cuando tengamos esta paz, podremos llevarla a los demás, que a su vez la expandirán pues el bien es difusivo...

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1. Carrasco de Paula, I. (1974). Paz interior. Gran Enciclopedia Rialp, 18, 106-108.

2 “Tranquilitas ordinis”, la disposición de las cosas semejantes y no semejantes, de manera que cada una de ellas tenga su lugar apropiado: De civitate Dei 19.13.1.









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