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Con ayunos y buenos desayunos
Si el alimento corporal entra por la boca, muchas veces el alimento espiritual entra por los ojos. La mirada humana revela algo que va más allá de recibir ondas de luz, ordenarlas y formar imágenes.


Por: Laureano López, L.C. | Fuente: Gama - Virtudes y Valores





En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su sentido espiritual y ha adquirido más bien el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo.

Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que impide conformarse a la voluntad de Dios (cf. Mensaje del Papa Benedicto XVI con motivo de la Cuaresma 2009).

Entonces, ¿cómo lograr un buen régimen espiritual? Con ayunos y buenos desayunos. Si el alimento corporal entra por la boca, muchas veces el alimento espiritual entra por los ojos. La mirada humana revela algo que va más allá de recibir ondas de luz, ordenarlas y formar imágenes. El ojo es la lámpara del cuerpo (Mt 6,22), la ventana del alma y la fuente de alimento espiritual.

Así que, sin andar con miramientos, es importante echar ojo a lo que entra por las miradas para poder hacer una buena dieta balanceada.

La primera parte de la dieta consiste en una cierta sobriedad. Aprender a cuidar las miradas entrometidas e indiscretas, las curiosidades insanas en asuntos ajenos, los vistazos de reojo durante los exámenes. Abstenerse de las miradas lascivas, de los atisbos procaces, de esas ojeadas a hurtadillas y furtivas de revistas, anuncios o imágenes inconvenientes. Y no perder de vista lo más importante, que todo este sacrificio es un verdadero ayuno de cara al Padre Celestial que “ve en lo secreto y te recompensará” (Mt 6,18).

Es hermoso ver los testimonios de ayuno y sacrificio en la Cuaresma. Niños pequeños que ofrecen no ver su programa favorito en la televisión. Chicos que luchan y ponen un esfuerzo especial cuando se les “saltan los ojos”. Chicas que se proponen no curiosear el horóscopo y las revistas de vanidades. Señoras que miran con bondad y se abstienen de echar el “mal de ojo”. Señores que se atienen a su trabajo y cuidan sus ojos en el internet. Y todo esto, ¿por qué? Por ofrecer, con amor, un sacrificio que agrada a Dios.

La segunda parte de la dieta, para no caer en la desnutrición, consiste en saciarnos de miradas y contemplaciones que sean alimentos saludables para el alma. Aquí sí están permitidos los desayunos, comidas, meriendas y banquetes espirituales.

Esta Cuaresma hay que nutrirse del banquete de la Palabra y de la Eucaristía en la misa dominical. Habiendo ayunado de aquello que puede apartar de Dios, es necesario desayunar y llenarnos con la lectura de la Sagrada Escritura, de la vida de santos o de algún libro para el progreso espiritual. El verdadero ayuno debe llevar a fijar la vista en el alimento verdadero, que es hacer la voluntad del Padre (cf. Jn 4,34).

Alimentarse de buenas miradas: afectuosas y comprensivas entre los miembros de la familia; discretas y prudentes por la calle; compasivas y llenas de amor por el enfermo; llenas de perdón y de reconciliación hacia quien me ofende.

Por último, dar una ojeada a nuestro interior. Reflexionar y ver con ojos profundos el estado de nuestra alma. Santa Teresa de Jesús se convirtió de su vida mediocre mientras reflexionaba y contemplaba un Cristo flagelado. La Cuaresma puede ser un buen momento para levantar los ojos al cielo y recordar estos versos: “mira que te mira Dios, mira que te está mirando; mira que te has de morir, mira que no sabes cuándo”.




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