Menu


Estas gemelas son monjas en territorio del narco en México
Las madres Velma y Telma viven una guerra dentro y fuera de sus escuelas en León y Celaya en Guanajuato (México)


Por: Chucho Picón | Fuente: Aleteia



La Madre Velma y Telma Vargas Santillan son gemelas. Nacieron en Morelia (Michoacán, México) un 9 de noviembre dentro de una familia católica. Hoy viven en Guanajuato (México), territorio de una guerra encarnizada entre diferentes cárteles de narcotraficantes.

Una de ellas vive en Celaya y otra en León (Guanajuato), las dos con cargos directivos en colegios de su congregación. Han experimentado el terror de esta guerra.

Afuera, las esquirlas y las balas, la sangre y los muertos son el pan de cada día. Dentro de las aulas, la guerra es por conquistar el alma de sus alumnos hipersexualizados por una música vulgar de Bad Bunny y el reguetón y por la ideología de género…

Su guerra es por rescatar a las niñas y niños de la pornografía y del odio que sienten contra la Iglesia católica.

Su oración por los sicarios



Afuera, detrás de los muros de los colegios plancartinos, los carteles se destrozan. Esa es otra guerra. Ellas solo oran por la paz y la conversión de todos los sicarios.

Ya con 38 años de edad, llevan más de 17 años de profesión religiosa. Desde muy temprano sintieron el llamado de Dios para consagrarse.

Pertenecen a la congregación de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, congregación fundada por el sacerdote católico José Antonio Plancarte y Labastida y esta es parte de su historia…

Curiosidades de las gemelas

¿Tienen telepatía?



Velma: Como tal telepatía, no. Lo que sí notamos mucho es que somos muy similares en gustos. Ambas pensamos más o menos lo mismo o compramos las mismas cosas. Además, tenemos la letra muy parecida.

Telma: En el sentido de sentir lo que ella siente, no. Pero sí los mismos gustos. Hemos comprado, por ejemplo, los mismos zapatos en diferentes lugares.

¿Las confunden?

Velma: Sí, muchísimo. Y sobre todo cuando recién salimos a las comunidades en donde no nos conocían mucho.

¿Cómo celebran su cumpleaños?

Telma: Cada quien en su comunidad. Además, aquí en nuestra comunidad nos festejan nuestro santo y no nuestro cumpleaños.

¿Ustedes son hermanas, amigas o se han peleado?

Telma: Yo creo que uno de los mayores tesoros que Dios me ha dado es mi hermana. Siempre hemos estado muy unidas.

Velma: Nos llevamos muy bien. Pero sí discutimos y creo que es sano.

El comienzo del llamado de Dios

¿A qué edad surge el llamado para la vida religiosa?

Velma: Éramos alumnas del colegio de las Hermanas a las que ahora pertenecemos. Estudiamos en el colegio Plancarte en Morelia y a mí desde muy chica me llamó la atención. Yo pienso que tuvo mucho que ver que cuando teníamos 10 años estaba en quinto de primaria y tuvimos un accidente automovilístico.

Estuve inmóvil mucho tiempo y en ese momento tomé conciencia de que la vida es corta, de que la vida hay que emplearla en algo que valga la pena, de que Dios nos acompaña y nos permite la vida para hacer algo bueno y no desperdiciarla.

Cuando entré en el colegio, me acuerdo que tuvimos una charla, una plática sobre qué es la vocación, sobre todo de la vocación religiosa que hasta ese momento yo no tenía mucha conciencia de lo que era.

Cuando escuché que en la vida religiosa es consagrarle toda tu vida a Dios, pensé: «Lo más importante es Dios y lo más valioso que podemos hacer es consagrarle la vida a Él».

Así que cuando empecé a conocer un poco más la vida religiosa, en la noche que hacía oración, le preguntaba al Señor: «Dime, Señor, qué quieres de mí?».

«Dios me llamaba»

En la oración me fui dando cuenta de que realmente Dios me llamaba. Es como una certeza, un deseo, un ánimo de entregarle todo a Dios, específicamente en la vida religiosa.

Y ya después invité a mi hermana a participar en las jornadas vocacionales. Recuerdo que terminamos la secundaria y yo dije que ya me iba. Telma me contestó: «No, espérate».

Después entramos a la preparatoria y yo iba a retiros vocacionales y ella me acompañaba.

Telma: cuando ella empezó con su inquietud éramos muy niñas. Así que cuando ella a los 14 años dijo que se iba, a mí se me hacía algo inconcebible y la convencí de que se quedara en la prepa.

A mí no me había caído el 20, yo no lo había descubierto de esa manera. Sí me gustaba mucho estar con las madres y con las cosas de Dios, me gustaba platicar con ellas, estar con ellas, no en el templo propiamente, pero sí me llamaba mucho la atención todo lo que es de Dios.

Entonces, cuando entramos a la prepa ella empezó a ir a las jornadas y, desde la primera jornada, yo decía que quería hacer algo así. Estuvimos los tres años completos, fuimos de misiones y empezamos a ser catequistas.

En los momentos de oración en los retiros es cuando descubres lo grande que es Dios, descubres lo infinito y dices que «esto te llena tanto, que no puedes decirle que no a algo tan grande».

Cuando me decidí, porque fui muy rejega [n. ed. rebelde] porque yo no me quería separar de mi familia, no quería dejar a mi mamá. Se me hacía algo imposible. Pero para Dios no hay imposibles porque Él da la gracia.

A pesar de esa resistencia de dejar a mi familia, en el último retiro nos hicieron una Hora Santa y nos dicen: “Si vas a entregarle tu vida a Dios, firma ese cheque en blanco”. Pero yo lo pensé mucho y fui de las últimas. Lo firmé y entramos a los 17 años.

Enamoradas de la vida religiosa

-¿Antes de este proceso cómo eran? ¿Se enamoraron?

Velma: Claro, éramos unas adolescentes y teníamos nuestros amigos y conocidos, y sentíamos lo que cualquier muchacha. Pero como desde muy chica empecé este proceso, aunque sí me llamaba la atención el matrimonio, yo personalmente decidí no abrir las puertas a un noviazgo.

Estábamos muy dedicadas al estudio, éramos catequistas e íbamos de misiones.

Telma: ¿Si nos movieron el tapete? Pues yo creo que sí, pero no lo recuerdo con tanta fuerza.

-¿Cómo fue para sus papás la noticia de que elegían la vida religiosa?

Telma: Para mis papás fue un golpe muy fuerte, no porque no fueran religiosos o porque no creyeran en Dios, sino por la separación. Hasta la fecha creen que fue muy pronto o que fue muy radical porque cuando una decide irse, se va y se separa de su familia.

Y no es que uno no pueda ir y visitarlos cuando uno quiera, sino que hay normas establecidas. Para nuestros papás fue muy muy duro porque fuimos las dos al mismo tiempo.

Hoy volteo atrás y me pregunto cómo fue que nos atrevimos, y de verdad creo que fue la gracia, porque humanamente no se puede explicar que dejes a tu familia para ir a un lugar diferente.

Velma: Yo pienso que uno de los días más difíciles de mi vida fue cuando se lo dijimos a mis papás. Yo lo recuerdo y todavía siento nostalgia, dolor, esa sensación como cuando te van a dar una mala noticia, porque fue muy difícil, porque sabíamos lo que iba a ser para ellos porque estábamos muy apegados como familia. Además, éramos las únicas dos mujeres.

Pasaron bastantes años hasta que lo aceptaron, pero sí entiendo que les haya costado.

Crisis vocacionales en el mundo

¿Cómo ven la crisis de vocaciones?

Velma: Yo creo que la crisis de vocaciones más importante no está en la vida religiosa, está en el matrimonio y en la familia. Una mamá y un papá es el primer intermediario entre la persona y Dios.

Una mamá es como el primer sacerdote, el que le muestra el amor de Dios, y al mostrarle el amor de Dios el niño, conforme va creciendo, puede acceder a esa vida espiritual, a esa vida de encuentro con Dios.

Si no hay vida espiritual en las familias, si no hay amor, si hay matrimonios fracturados, si el matrimonio está degradado, si hay pocas vocaciones en la vida consagrada, yo me atrevo a decir que hay menos en el matrimonio, porque el hecho de irte a vivir juntos no los hace un matrimonio.

Hoy los jóvenes no se quieren comprometer, ni siquiera en un trabajo. Son cada vez menos los que quieren aventurarse a arriesgar su vida.

Ciertamente entrar a la vida religiosa es como lanzarte en el bungee sin la seguridad de que habrá una cuerda.

A los jóvenes les gusta la vida líquida, aquello que no implique esfuerzo ni entrega.

Telma: Monseñor Diego Monroy nos decía que no hay crisis de vocación porque Dios sigue llamando, más bien hay crisis de respuesta por todo este bombardeo de que Dios ya no está en el centro.

Bien dicen que la última lucha del demonio va a ser contra la familia y estamos viendo cómo está siendo fracturada en todos los aspectos.

Hoy los jóvenes ya no se quieren casar, porque ya no se quieren comprometer, ya no hay matrimonios duraderos. Y además, esta nueva ideología se quiere imponer incluso desde el Estado, cuando ya se puede llamar familia a dos hombres, a dos mujeres.

Entonces, todo esto junto hace que cualquier vocación esté en crisis, porque si yo ni siquiera tengo una buena concepción de lo que es una familia, mucho menos de una vida totalmente entregada al servicio de Dios.

Una vida en castidad

-¿Cómo viven la castidad ustedes?

Velma: Pensar que la castidad es renunciar al amor, es no tener idea de lo que es la castidad. No renunciamos al amor, al contrario, nos unimos a un amor más grande, a una intimidad más profunda, a una relación a la que todos estamos llamadas desde el bautismo.

Muchos piensan que el voto de castidad que realizamos es lo más difícil pero no, el voto más difícil es la obediencia porque renuncias a tu voluntad, a lo que quieres, a lo que te gusta.

Todos estamos llamados a vivir la castidad desde nuestro estado de vida, también los esposos. Porque la castidad no es una renuncia, la castidad es ordenar las cosas y, en este caso, es ordenar el gran regalo de la sexualidad que Dios nos dio poniendo siempre lo que es primero. Y eso no quita que no tengamos tentaciones.

El demonio está interesado en hacer caer una familia, en hacer caer una vocación y por eso siempre hay tentaciones.

Pero la mejor forma de enfrentarlas es con todos los medios que nos ha puesto la Iglesia como es la santa misa y el tener un acompañante, alguien a quien poder contarle lo que me pase, además de una distracción porque eso es sano.

Telma: No puedo decir que es muy fácil y que todo ha sido muy bonito porque no sería correcto. Yo creo que precisamente porque es todo un reto vale la pena decir que, aun con todas las debilidades y miserias que tenemos, la misericordia de Dios en nosotros es tan grande que nos ha permitido estar aquí diciendo “se puede, todavía se puede”.

Que Dios me conserve así, como muchas madres, hasta el último día de mi vida. No podemos decir que vencimos sino hasta el último día.

La castidad, si lo vemos desde el punto de vista real o pleno, no solo es para nosotros, es para todos, no solo para los consagrados.

La diferencia es que nosotros tenemos la ventaja de tener ejercicios espirituales, de tener una congregación que te ayuda o personas a tu lado a las que puedes ir y confiar.

A mí me ayuda muchísimo siempre pedir ayuda o consejo en cualquier situación. Ayuda mucho decir cómo te sientes, con todo lo que eso implica, aunque me cueste trabajo.

También ahorita estamos viendo las consecuencias de un mundo hipersexualizado. Las niñas y niños tienen dudas de su orientación sexual y eso agrava la crisis de vocaciones. Ahorita estamos viendo las consecuencias, pero imagínense las consecuencias de un mundo ya no solo hipersexualizado, sino también adoctrinado en la ideología LGTB.

Una guerra contra el libertinaje sexual y las ideologías de género

¿Qué medidas, en cuestión de educación, se están haciendo para contrarrestar esto?

Velma: Es muy fuerte el hecho de escuchar a los niños canciones de Bad Bunny que son demasiado vulgares y las escuchan sin esa preparación. Además, en los libros de texto se atenta contra la familia, contra los mandamientos de la ley de Dios y como cristianos debemos preocuparnos.

Es difícil porque son demasiados los frentes. Tú puedes atacar a uno chiquito, pero en realidad rebasa la capacidad de poner orden.

Nosotros estamos dentro de un sistema educativo y podemos hacer poquito, orientamos a los niños, pero ¿cómo los protegemos de según qué películas de Disney y de Marvel?

Además, platicamos con chicas de secundaria y prepa que no se quieren casar, que no quieren tener hijos, que odian a los hombres. No todas pero es un número significativo.

Y es mucho más grande el número de los que dicen que el matrimonio ya pasó de moda o que la iglesia es retrógrada.

Entonces, buscamos hablar con los papás para ponerlos al tanto de lo que pasa con sus hijos.

Telma: En general intentamos formar el corazón. Esto que se nos está viniendo de una manera tan fuerte, a lo mejor en años pasados era como muy de lado, pero de dos años acá ya es bastante abierto y descarado, incluso una imposición

Al ver este peligro inminente es necesario saber cómo es que ellos han logrado permear esto hasta este nivel, para nosotros tratar de contrarrestarlo así.

Yo he ido a conferencias sobre estas ideologías, me he informado y he hablado con los papás y he hecho reuniones con los chicos de círculos de escucha.

Todo esto es algo titánico porque eres tú contra todo esto. Los maestros se enfocan a dar sus clases y a orientar, pero ya esto nos toca, desde la pastoral, ayudar a contrarrestarlo.

Es y va ser una labor que va a implicar un reto muy grande porque no nos podemos quedar con las manos cruzadas.

Y más porque nuestra congregación fue fundada para formar a la mujer y con mayor razón formar a las mujeres en el sentido cristiano, una mujer cristiana que da la vida por sus hijos, que los forma y que hace que esta sociedad sea un mundo mejor. 

Es una labor de todos los días, pero no es fácil. Y como es tan fuerte la presión social, va a ser para nosotros un reto muy grande lograr que ellos conozcan la verdad que Dios nos puso en el corazón acerca de lo que está bien y lo que está mal.

Ante la ideología de género, ¿los colegios católicos han dejado de ser católicos?

Telma: No creo que hayan dejado de ser católicos porque fueron fundados para esto, más bien que no hemos sido lo suficientemente valientes para denunciarlo con todas las palabras, porque no creo que las personas que estén dentro convergen con estas ideologías. Pero dentro también habrá personas que tengan esa conciencia de lo que Dios nos pide y para lo que Dios nos creó.

Sin embargo, no estamos siendo valientes y estamos tardando para levantar la voz más fuerte y entender la magnitud de esto. Defender implica mucha valentía porque estás yendo contra corriente.

Velma: A pesar de que deseo con todo mi corazón que la educación que brindamos sea una puerta abierta para hacer el bien, tengo que reconocer que la escuela católica le debe mucho a la humanidad y a Dios porque estamos más interesados en el éxito empresarial, que en la calidad humana.

Siento que nos estamos quedando cortos ante la necesidad que está teniendo el mundo por la forma en que las nuevas generaciones están siendo bombardeadas.

¿Algo con lo que deseen concluir?

Velma: Los valores y la verdad siempre serán los mismos. Recordemos la frase:

«Lo que está mal, está mal aunque todos lo hagan, y lo que está bien, está bien aunque no lo haga nadie».

Qué responder cuando un joven dice que la Iglesia es arcaica

Pienso que la verdad de nuestra vida ya está dicha en Jesús, porque Él se hizo hombre para mostrarnos lo que es el hombre y todas las palabras que Él dijo deberían de ser vida para todos nosotros.

Pienso que los católicos estamos con la postura de que nuestra vida católica es medianamente importante. Estamos dejando que los medios nos ganen, estamos dejando que la maldad y la mentira se instalen porque es lo más cómodo.

Cuando los jóvenes me dicen que la iglesia es arcaica, yo les digo que no hay nada más arcaico que las pasiones bajas del hombre. Así que fue Cristo quien le vino a dar sentido al amor.







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |