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Temor de Dios: Amor por aquel que nos ama hasta el extremo
El Temor de Dios no es miedo al castigo, sino que a decepcionar a aquel que tanto nos ama.


Por: Marlene Yáñez Bittner | Fuente: Catholic.net



“El temor de Yahveh es el principio de la ciencia; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción” (Proverbios 1,7)

Cuando Dios ha puesto la certeza en nuestro corazón de que Él nos ama, de una manera completamente incondicional y a pesar de nuestras miserias, sentimos que lo hemos traicionado cuando caemos en la tentación del pecado.

Dios ha hecho una Alianza con el pueblo de Israel por la cual Él le ofrece su vida y el pueblo se vincula a Él viviendo en el amor. El pueblo ha intentado corresponder a este amor, sin embargo, en muchas ocasiones lo negó en los hechos y se alejó buscando otras seguridades, otros amores, otros dioses. Pero Dios es fiel y nunca renunció a esta Alianza con su pueblo y los siguió buscando. La historia de este pueblo es también nuestra historia.

“Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en Él. Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en Él.” (1 Juan 4,16)

¿Cómo corresponder a tan grande amor? Al menos… ¿Reconocemos en nuestras vidas este amor?



Qué hermoso sería llegar a decir: “Ojala no me amaras tanto para no sentir tanta vergüenza…”.

“Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor” (Salmos 136,1)

Pensemos de esta manera: Cuando uno ama a alguien el problema de fallarle no es que nos castigue, sino es sentir vergüenza y dolor por decepcionar a aquella persona que nos está amando.

El Temor de Dios es el mismo amor, veneración, admiración, alabanza, pero también fidelidad y obediencia. Es vivir una experiencia desde el amor que obliga a fiarnos sólo de Dios y no en los hombres, cosas o situaciones del mundo.

“Más vale refugiarse en el Señor que confiar en los poderosos” (Salmos 118,8)



Aquel que verdaderamente teme a Dios hace de Él su única razón profunda y absoluta de existencia. Por el temor de Dios aprendemos a confiar y a depender solo de Él; a independizarnos y a desconfiar de todo lo demás: de las falsas cosas del mundo, de los falsos consuelos de esta vida.

La templanza que da el temor de Dios libera al hombre de fascinarse con las tentaciones y el pecado, pues eso que viene a seducirnos no nos parece atractivo. ¿No es entonces, un regalo de Dios? Sí, una gran bendición y no un castigo.

El temor de Dios es bendición que nos lleva a una autentica conversión. Pidamos que el Espíritu Santo sea el portador de esta gracia para que nos mantenga siempre unidos a nuestro gran amor.







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