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Imágenes que ayudan a entender la Santísima Trinidad
«La fe es como aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver» Heb 11, 1


Por: Lila Ortega Trápaga | Fuente: Semanario Alégrate



Un dogma de fe es una doctrina declarada por el magisterio de la Iglesia (El Papa junto con los Obispos), revelada por Dios, para ser aceptadas como ciertas, aún cuando no podamos entenderlas, y uno de los dogmas, es la Santísima Trinidad, que no podemos más que creerla como la Eucaristía, y el alma nos proporciona la certeza por la fe que recibimos en el Bautismo. Si bien no podemos entender el misterio de la Trinidad, existen ciertas figuras humanas que nos ayudarán a imaginar humanamente lo que sucede, y puede ayudar a comprender.

Los 3 ángeles en un óleo, pintado por Rublev

El Padre se muestra relacionado con la casa, porque de Él todos salimos y a Él todos volvemos; el Hijo, Jesucristo, lo representa con el árbol porque nos da vida en el nuevo árbol de la cruz. Al Espíritu Santo, lo representa con la fuerza del viento, que significa la fuerza que nos impulsa y guía. San Agustín, comentando este pasaje, dice: «Abraham vio a tres [personas] y adora a uno solo [Dios]».

Dios y el agua en sus tres formas

Así como el vapor no es líquido, el líquido no es hielo, el hielo no es vapor y sin embargo, las 3 formas son agua, tal cual el Padre no es el Hijo, el Hijo no es el Espíritu Santo ni el Padre, ni el Espíritu Santo es el Hijo ni el Padre, pero los tres son un mismo Dios.



El trébol

Una misma planta, con tres pétalos

Cada uno diferente del otro, con sus propiedades y la misma naturaleza, pero diferentes al fin, lo mismo que Dios tiene tres personas distintas, pero al fin el mismo Dios.

Una flama Tomemos 3 cerillos, cada uno es diferente, y prende de manera propia, pero si los unimos, formarán una sola flama, más grande, pero una sola. Así mismo la Trinidad Santa es una sola pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo actúan solos.

Y tenemos la narración de san Agustín, que después de pasar mucho tiempo reflexionando para tratar de entender este dogma, cuenta que un día, caminaba por una playa intentando entender, cuando se encontró un niño jugando en esa playa; el pequeño corría del mar a la arena, echando poquitos de agua en un huequito que había abierto en la arena, llevándola con las manos. San Agustín distrajo sus pensamientos sobre la Santísima Trinidad y se puso a hablar con el chiquito, preguntándole: «¿qué intentas hacer con esos poquitos de agua del mar?» «Estoy tratando de meter todo el mar en este hoyito».



San Agustín riendo trata de explicar al niño que no es posible, pues el mar es inmenso y el hoyito muy pequeño. Y el Niño le responde: «Agustín, eso que trato de hacer es más posible que lo que tú estás tratando de hacer, que es meter el Misterio de la Santísima Trinidad en tu cabeza».







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