La lógica de Dios
Por: María Teresa González Maciel | Fuente: Catholic.net

Mientras caminas por el parque sientes el frío en tu rostro, te gusta contemplar cómo se pinta de color albo el paisaje cuando cae la nieve. Mientras tanto te preguntas por qué es tan difícil comprender a Dios.
En tu cabeza llevas grabadas unas palabras: “Amados, si Dios nos ha amado, también nosotros debemos amarnos unos a otros” (1 Jn 4, 11).
Entiendes que Dios ama a todos sin distinción, y te parece conveniente responder a su amor. Pero el prójimo cómo puede encajar aquí.
Te estremeces y afirmas que no te checa esa lógica, la lógica humana te dice; si Dios te ama, corresponde a su amor, amándolo.
¿Por qué Dios en su lógica te pide amar al prójimo?
¿Qué tiene que ver con el hermano el amor que Dios te da?
¿Cómo puedes asimilar o hacer vida este mandato?
Tus pensamientos van y vienen de tal forma que no sientes el frío que aumenta al caer la noche.
¿Qué significa que Dios me ama? ¿Qué me quiere decir Dios al pedirme amar a mi prójimo?
Detienes un poco el paso y reflexionas; ¿Quién soy yo para que Dios me ame?, ¿Cómo manifiesta su amor por mí? Y como cascada vienen respuestas a tu mente.
Te reconoces frágil, con conductas egoístas arraigadas por años. Vives Enfrascado en tus cosas, sin preocuparte por los que están a tu lado, muchas veces juzgas con dureza sin pensar en el otro, en su historia, sus heridas y luchas.
También reconoces tus envidias, el buscar sacar ventaja de todo… y repites una y otra vez: Dios me ama, Dios me ama incondicionalmente, hasta el extremo, a pesar de mi miseria.
Esto te lleva a sentir el abrazo amoroso de Dios, la grandeza de su amor hasta entregarse a la muerte por ti.
Detienes tus pasos, sientes cómo corre el agua por tus ojos, te mueve y conmueve su amor inmenso, eterno. Y repites una y otra vez Dios mío.
La lógica de Dios cobra sentido ¿Cómo no corresponder a tanto amor, amando a los demás?, sientes la necesidad de, a ejemplo de Jesucristo, abrazar la debilidad, la fragilidad de tu hermano.
Tomas la decisión de seguir leyendo su Palabra, para intentar entender la lógica de Dios















