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Así como recogen la cizaña y la queman, así será el fin del mundo
Obispo de Irapuato.


Por: Mons. Enrique Díaz Díaz | Fuente: Conferencia del Episcopado Mexicano



Hay verdades en las que preferimos no pensar, y vivir como si no existieran; así nos sucede con la muerte, con el fin del mundo, y con lo que llamaban “las postrimerías”, aunque ahora nos ha sacudido la pandemia y nos ha obligado a reflexionar.

Nuestra cultura es vivir el aquí y el ahora, sin importar el futuro. Aprovechar el día. Y se tendría toda la razón si este aprovechamiento tuviera su sentido y realmente fuera vivido con sabiduría y productivo delante de Dios. Pero cuando decimos estas palabras, con frecuencia las referimos a actuar y disfrutar sin meditar en las consecuencias posteriores que nuestras obras nos traerán.

La parábola del trigo y la cizaña, tiene una explicación puesta en las mismas palabras de Jesús que nos llevan inevitablemente a pensar en el momento final. Dios ha tenido mucha paciencia pues no ha arrancado la cizaña desde un principio, pero todo tiene un límite y llegará también para nosotros el momento en que seamos llamados a cuentas. Se anuncian castigos para quienes no hayan hecho el bien.

Mucho se discute ahora sobre dónde está y cómo será el infierno y ese lugar de castigo. Si nos detenemos a pensar que el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios y que su destino es participar de esa misma vida divina, el peor de los infiernos será ver frustrado el fin para el cual fuimos hechos. Saber que pudimos compartir esa felicidad plena y que nos hemos quedado lejos sin poder vivirla.

No se trata de venganzas de Dios, sino de elecciones del hombre; no se trata tampoco de destinos fatales, sino consecuencias de nuestra forma de actuar. Si una piedrecilla pequeñita en un lago tiene repercusiones en toda la extensión del lago, si un sonido leve, nos aseguran que viaja kilómetros y kilómetros en las ondas que produce, ¿por qué no habrían de tener consecuencias nuestros actos buenos o malos?



Hoy miremos hacia el final y reconozcamos cómo es nuestro actuar, pues como es el vivir así será el morir. No esperemos cambios al final. Nuestro actuar de cada día ya nos dará la propia felicidad.







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