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La Eucaristía, un "disfraz" auténtico e idóneo
El pan es un primer alimento natural para todas las culturas.


Por: Javier Ordovàs | Fuente: Catholic.net



Cuando Jesucristo anunció a sus discípulos que comerían su carne y beberían su sangre, lógicamente se aterrorizaron, les pareció tal despropósito que muchos dejaron de seguirle. Entendieron que estaba hablando de antropofagia, no era un simbolismo (Jn 6, 31-71). Los Doce apóstoles también se quedaron sobrecogidos y Cristo les pregunta si ellos también le van a abandonar. Pedro responde, en nombre de todos, "¿a quién iríamos?" (Jn 6,68) Algo así como "no entendemos nada, pero confiamos absolutamente en ti".

Aunque los Evangelios no comentan nada, es de suponer que, entre ellos, los discípulos y apóstoles, comentarían posteriormente lo increíble de esa revelación de Jesucristo: su carne verdadera comida y su sangre verdadera bebida (Jn 6,55).

Tardarían un tiempo, hasta la última cena, para comprender plenamente esa revelación de Jesucristo, cuando consagra el vino y el pan y les dice "esto es mi cuerpo y esta es mi sangre". Ahora sí que tienen sentido las anunciadoras palabras de "mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida".

Cuando un niño de diez años recibía la catequesis para la primera comunión, de vez en cuando, comentábamos el futuro evento y procuraba explicarle eso tan inexplicable. Pero él encontró una respuesta que me convenció y, desde entonces, me ha servido mucho.

Me dijo: "eso es que Jesucristo se disfraza de pan y de vino".



Me quedé muy sorprendido, tuve que reflexionar detenidamente antes de responderle: tienes razón, es un disfraz perfecto y adecuado.

Luego he intentado, muchas veces, ponerme en la mentalidad de mi hijo pequeño, con su mundo de súper héroes que tienen poderes especiales y cambian constantemente de aspecto y de personalidad.

Jesucristo es ese Súper Héroe que puede permitirse el lujo de disfrazarse como quiera, como lo han hecho otros seres espirituales como los ángeles y los demonios.

De manera que, cuando comulgamos, estamos recibiendo al verdadero Jesucristo "disfrazado" de pan.

En los disfraces humanos, el disfraz es aparente, es accidental, solamente hay un cambio de apariencia externa. Se quita el disfraz y aparece la auténtica persona.



El disfraz de Cristo en la Eucaristías es auténtico (no es accidental):  es un cambio sustancial, cambia la sustancia del Cuerpo de Jesucristo en la sustancia del pan. Es un cambio, radical, definitivo, irreversible, hasta el punto de que el disfraz de Jesucristo no se puede quitar, no tiene marcha atrás. La Eucaristía siempre será Jesucristo.

Además, es el cambio idóneo para nuestros sentidos, que captan el pan como alimento y que cambia la antinatural antropofagia en un alimento físico natural y espiritual. El pan es un primer alimento natural para todas las culturas.

Podemos entender con la razón, que el amor tan grande que Dios nos tiene, llega hasta el punto de ofrecerse como nuestro alimento. También entendemos que Dios, con su poder y Jesucristo con sus "súper poderes" (la Gracia de Dios), lleguen a la máxima expresión de amor, a la entrega máxima, de cambiar su sustancia para ser nuestro alimento adecuado.







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