Menu


«Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos»
Reflexión del domingo XV del Tiempo Ordinario Ciclo B


Por: Roque Pérez Ribero | Fuente: Catholic.net



«Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos» (Mc 6,7).

En este domingo XV del Tiempo Ordinario la Iglesia nos regala el pasaje del Evangelio inmediatamente posterior al del domingo pasado, en que veíamos cómo el Señor mostraba dolor y sorpresa ante la falta de fe de sus paisanos y la escasa acogida a su Palabra. Hoy viene el Señor también con un mensaje en que nos reitera la misión profética y evangelizadora que se nos ha concedido por medio del Bautismo: «Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos» (Mc 6,7).

Viene en nuestra ayuda esta Palabra de hoy para revivir la llamada a la misión que el Señor nos ha concedido en la Iglesia de anunciar el Evangelio, teniendo presente las palabras que dice el mismo Jesucristo: «Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis» (Mt 10,8).

Mientras escribo estas líneas me vienen a la mente y al corazón los versículos del salmo 126: «¡Sí, grandes cosas ha hecho, maravillas, ha hecho el Señor con nosotros! Por eso estamos alegres» (Sal 126,3). Porque realmente el Señor no ha cesado de hacer maravillas en nuestras vidas a través de su Palabra, de los sacramentos, y no las ha hecho simplemente por nosotros, sino en función de los demás: «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,14-17). Así, el Señor nos llama a configurarnos de tal forma con Cristo para que sea Él el que evangelice a través de nosotros: «Es preciso que él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30).

En esa frase de San Juan Bautista se condensan las características de cómo hacer la misión a la que el Señor nos llama, tal y como se proclama en el pasaje del Evangelio de hoy: «Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas» (Mc 6,8-9). Es decir, ir con humildad sin más seguridad que la certeza de que Cristo y el Espíritu Santo están con uno (Mt 28,20): «El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19).



Me impresiona que el Señor concede poder a la Iglesia sobre el maligno. Cuántas veces no se queda uno triste y con miedo ante el mundo actual, que se va alejando de Cristo y cayendo en poder del maligno a velocidad terminal. Basta con ver las continuas amenazas a la dignidad humana que se viven en Occidente en la cultura de la indiferencia y del descarte, tal y como la denomina el Santo Padre, S.S. Francisco, o las leyes de la eutanasia, la ley trans, etc. El maligno va introduciendo engaños de forma progresiva en nuestra sociedad destruyendo familias, vidas, valores, etc. Y a esa realidad concreta, con nuestra pobreza, es el Señor el que nos llama a dar gratis lo que gratis hemos recibido, sabiendo que si somos UNO CON CRISTO en la Iglesia, Cristo vencerá al maligno en la misión que nos encomienda. No se trata tanto de quejarnos ante el crecimiento del pecado, sino de crecer en la UNIÓN CON CRISTO por medio de la fe. Porque, ante la situación actual, el Señor nos interpela: «¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!» (1 Co 9,16), «Porque el amor de Cristo nos apremia» (2 Co 5,14); «Yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). Así, vienen a mi mente las palabras de la Santa Mártir Carmelita Descalza Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, que dicen: «Mientras más oscuro se va haciendo a nuestro alrededor, más debemos abrir nuestros corazones a la Luz que viene de lo alto» (Edith Stein).

Por tanto, el Señor nos invita a tener una profunda intimidad con Él a través de la oración, de la escucha de la Palabra, de los sacramentos, sobre todo la Eucaristía, para poder transmitirles a los demás la maravilla de su Amor, para permitirle a Él que actúe a través de nosotros para el bien de los demás. Feliz domingo.







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |