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Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará
Meditación al Evangelio 16 de junio de 2021 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Uno de los peligros que nos ofrece la sociedad moderna es la superficialidad. Las relaciones se han tornado tan rápidas, tan distantes y tan ocasionales que dan la oportunidad de aparecer como lo que uno no es. No es raro que en los datos que se ofrecen a través del internet, se cambie la identidad, las fechas, el nombre y hasta la imagen.

Se vive de ilusión y de fantasía, se teme aparecer como realmente es uno. Esto se da sobre todo en el mundo de los jóvenes y a través de las redes sociales, pero también se da en todos los ámbitos. Hemos hecho de la vida una apariencia. Jesús hoy nos invita a buscar lo que es valioso y a que miremos en lo profundo de nuestro corazón. No importan las apariencias, ni de los antiguos fariseos que ostentaban falsedades, ni de los modernos personajes huecos que no aparecen como lo que son.

Lo importante es lo que Dios ve: el interior de cada persona. ¿Qué hay en tu interior? Quizás frente a los demás luzcas como una persona de éxito y lleno de felicidad, pero ¿eso es lo que hay en tu corazón? Para los fariseos eran la apariencia de la bondad, del ayuno, de la oración… hoy quizás estos valores quedan atrás, pero no ha quedado atrás la hipocresía y el querer manifestarse como lo que no se es. San Pablo le recuerda a los Corintios que para poder dar algo, se necesita sembrar.

Que el que siembra poco, cosecha poco. Y este ejemplo, que parecería sólo del campo, tiene toda su actualidad en medio de nosotros: también hoy hay quien solamente es hoja y no tiene fruto; también hoy hay quien hace ruido y no tiene substancia. Pero San Pablo añade algo importante: la alegría verdadera.

¿Cómo están tan contentos los jóvenes comunicándose con personas que ni conocen y viven a kilómetros de distancia? En cambio, son fríos y calculadores con su propia familia y con quienes están cerca. Es que es más fácil aparentar. San Pablo insiste en que debemos dar, y dar con alegría y prontitud y de buena gana.



Que esta alegría y generosidad sean el distintivo del discípulo de Jesús y dejemos a un lado las apariencias.








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