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¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga verme?
Meditación al Evangelio 31 de mayo de 2021 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



“Los Evangelios de la Infancia”, como son conocidos estos relatos tanto de Lucas como de Mateo, que nos narran los acontecimientos en torno a la Encarnación, Nacimiento y primeros días del Señor, más que un carácter histórico, tienen un fuerte carácter y contenido teológico.

Quien busque basarse en ellos para conclusiones históricas, estará equivocando el propósito para el cual fueron escritos, pero si logramos percibir la finalidad para la que fueron escritos, encontraremos una gran riqueza para la vida de los discípulos. Así este acontecimiento nos presenta a María que después de haber creído y aceptado la Palabra del Señor, se dirige presurosa hasta las montañas de Judea a visitar a su prima Isabel.

Imposible no traer a la memoria el recorrido que hizo el Arca de la Alianza por esos mismos lugares. El Arca que significaba la presencia de Dios que acompañaba y protegía a su pueblo, el Arca que salía con ellos en sus luchas y era el centro del culto. Ahora San Lucas, retomando estos acontecimientos, nos hace entender que la presencia de Dios entre los hombres se coloca en un nivel nuevo en la persona de María.

Ya no se necesitan arcas, ni Tiendas de la Reunión, sino que ella es la verdadera morada de Dios y es reverenciada como tal por su prima Isabel. No es sólo una visita para servir o como atención a la pariente cercana, es toda una manifestación de una Presencia Nueva. Esta visita es hoy también para nosotros. Que la compañía siempre cercana, llena de comprensión y de ternura, nos ayude a descubrir esta presencia del “Dios con Nosotros”.

Que nos muestre el fruto bendito de su vientre y nos enseñe a responder como Ella lo hizo en el misterio de la Anunciación y de la Encarnación. Que nos enseñe a salir de nosotros mismos en camino de sacrificio, de amor y de servicio. Que nos ayude a reconocer las maravillas que hace por medio de los pequeños y necesitados y que nos conceda vivir a plenitud la “Visita del Señor”.



Con Isabel agradezcamos a María y digamos: “¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?” Con María cantemos: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador”.








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