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El Hijo del hombre tiene que ser levantado
Meditación al Evangelio 3 de mayo de 2021 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Hay fiestas que están enraizadas en el corazón de nuestro pueblo y tienen un profundo significado. Hoy celebramos una de estas fiestas importantes y por todos lados escuchamos la música, los cuetes y vemos adornos por todos los lugares: en los cerros, en las nuevas construcciones, en las iglesias. La fiesta de la Santa Cruz no puede pasar desapercibida… pero corremos el riesgo de que quede en signos externos y ruido y que no cale profundo en nuestro interior.

Es cierto que es una fiesta muy bonita, pero también es una fiesta que requiere una profunda reflexión porque está en el meollo del misterio de la salvación. Cristo quiso salvarnos por la santa Cruz. Y la Santa cruz representa el signo y el instrumento de la salvación.

En el evangelio de este día Jesús le recuerda a Nicodemo que el amor de Dios es tan grande que entrega a su Hijo para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Éste es el sentido de la cruz: una entrega que da vida; una entrega que eleva y rescata; una entrega que une el cielo con la tierra.

A algunos Hermanos Evangélicos se les hace difícil entender este sentido y argumentan que por qué veneramos la cruz si en ella padeció y murió Jesús. Si la muerte de Jesús hubiera sido un fracaso tendrían razón, pero su muerte, y la cruz con ella, fue el camino de su glorificación. Hoy al celebrar esta fiesta tenemos que reconocer el gran amor de Jesús por nosotros, pero también el camino para llegar a Él: la cruz.

Sólo si servimos, sólo si amamos al hermano, sólo si nos entregamos, podremos decir que amamos a Dios. La cruz que nos hacen en la frente desde el día del bautismo, o que la recibimos más conscientes en nuestra confirmación, es un signo de pertenencia al Reino de Jesús y a su propuesta, es un signo de nuestro compromiso de llevar su Buena Nueva a nuestro mundo y a todos los ambientes.



No podemos quedarnos con las cruces en el pecho o en los cerros, tenemos que llevarlas en la vida y en nuestras acciones: mirar siempre hacia Dios, pero amar plenamente a nuestros hermanos. La cruz se construye mirando al cielo, pero amando en la tierra. Así celebremos esta fiesta muy nuestra.








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