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«Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas» (Jn 10,11)
Reflexión del domingo IV de Pascua Ciclo B


Por: Roque Pérez Ribero | Fuente: Catholic.net



Celebramos hoy el IV domingo de Pascua, conocido como el domingo del Buen Pastor, y es realmente un Evangelio de esperanza y que trae una Palabra de consuelo para nuestras vidas ante la realidad que va aconteciendo en estos días. Me alegra mucho el versículo que da título a esta reflexión: «Yo soy el buen pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas» (Jn 10,11). Produce una inmensa alegría el experimentar que uno no está solo en la vida, que hay Alguien a quien le importas y que conduce tu existencia hasta dar su vida por ti, para que uno tenga vida: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10).

Al escuchar el pasaje del Buen Pastor, es inevitable que nos conduzca a rezar con el Salmo 22 unos versículos que pueden ayudarnos mucho en este día: «El Señor es mi Pastor, nada me falta. Por prados de fresca hierba me apacienta. Hacia las aguas de la vida me conduce. Aunque camine por valle oscuro, ningún mal temeré, porque Tú vas conmigo» (Sal 22,1-2.4). El Señor nos hace una llamada en este día a abandonarnos en sus manos, a saber que Él conduce nuestra vida. Como muy bien dice San Pablo: «Por lo demás, sabemos que todo lo que nos pasa es para nuestro bien» (Rm 8,28).

Me ayuda el versículo «Aunque camine por valle oscuro, ningún mal temeré, porque Tú vas conmigo» (Sal 22,4), porque frente a la tentación de angustiarnos ante las incertidumbres que se nos presentan en el futuro, es diferente vivir esta realidad de incertidumbre solos a vivirlas con el Señor, que, poco a poco va calmando la angustia y la ansiedad, ya que el Señor no sólo ES, SINO QUE TAMBIÉN ESTÁ: «Tú, Señor, estás cerca y todos tus mandatos son estables (Sal 117,151)». Así, dice San Pablo: «Ante esto, ¿qué diremos? Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?» (Rm 8,31).

El profeta Ezequiel también hará referencia al cuidado que tiene el Señor de su pueblo: Porque así dice el Señor: «Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él» (Ez 34,11), ayudándonos a confiar en el Señor, tal y como dirá el mismo Jesucristo: «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal» (Mt 6,25.27.31-34).

Esta es la Palabra que nos revela el Señor hoy, y al mismo tiempo, nos invita a hacer una reflexión en nuestra oración: «A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz» (Jn 10,3-4). Ante la Palabra de hoy, ¿a quién escuchamos? ¿Al que nos dice: «Buscad el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura» (Mt 6,33), o al que nos invita a angustiarnos, a desesperarnos, a ver que esto son pamplinas? Pues el Señor nos llama hoy a conversión, a creer en el Señor, como hizo la Virgen María y han hecho tantos seguidores de Cristo a lo largo de la historia, teniendo claro lo que dice San Pablo: «Sé bien de quién me he fiado» (2 Tim 1,11), y a hacer con la vida esta profesión de fe en el Señor: «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?» (Sal 27,1). Feliz Domingo del Buen Pastor.









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