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No despreciar la oración vocal, es la más segura
Catequesis del Papa Francisco, 21 de abril de 2021


Fuente: Vatican News



“La oración humana elemental es siempre vocal. Y aun cuando rezar no signifique repetir sólo palabras, la oración vocal es parte de la oración cristiana. No la podemos despreciar, pensando que se trate sólo de una aburrida repetición de fórmulas”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General de este miércoles, 21 de abril, continuando con su ciclo de catequesis sobre la oración. En esta ocasión, el Pontífice dedicó su catequesis a la “Oración vocal” a partir del Salmo 130. El Santo Padre recordó que, “la oración es diálogo con Dios; y toda criatura, en un cierto sentido, dialoga con Dios. En el ser humano, la oración se convierte en palabra, invocación, canto, poesía”.

Las palabras modelan los sentimientos

Asimismo, el Papa Francisco señaló que, las palabras son nuestras criaturas, pero son también nuestras madres, y de alguna manera nos modelan. El Papa dijo que, las palabras esconden sentimientos, pero existe también el camino inverso: en el que las palabras modelan los sentimientos. En este sentido, la Biblia educa al hombre para que todo salga a la luz de la palabra, que nada humano sea excluido, censurado. Sobre todo, el dolor es peligroso si permanece cubierto, cerrado dentro de nosotros. Porque, un dolor cerrado dentro de nosotros, agregó el Papa, puede envenenar el alma, es mortal.

Rezar también con palabras a veces audaces

Por esta razón, el Pontífice subrayó que, la Sagrada Escritura nos enseña a rezar también con palabras a veces audaces. Los escritores sagrados no quieren engañarnos sobre el hombre: saben que en su corazón albergan también sentimientos poco edificantes, incluso el odio. Ninguno de nosotros nace santo, y cuando estos sentimientos malos llaman a la puerta de nuestro corazón es necesario ser capaces de desactivarlos con la oración y con las palabras de Dios. En los salmos encontramos también expresiones muy duras contra los enemigos; y también son palabras que pertenecen a la realidad humana y que han terminado en el cauce de las Sagradas Escrituras. Están ahí para testimoniarnos que, si delante de la violencia no existieran las palabras, para hacer inofensivos los malos sentimientos, para canalizarlos para que no dañen, el mundo estaría completamente hundido.



La oración vocal es la más segura

El Santo Padre también señaló que, la primera oración humana es siempre una recitación vocal. En primer lugar, se mueven siempre los labios. Aunque como todos sabemos rezar no significa repetir palabras, sin embargo, la oración vocal es la más segura y siempre es posible ejercerla. Los sentimientos, sin embargo, aunque sean nobles, son siempre inciertos: van y vienen, nos abandonan y regresan. No solo eso, también las gracias de la oración son imprevisibles: en algún momento las consolaciones abundan, pero en los días más oscuros parecen evaporarse del todo. La oración del corazón es misteriosa y en ciertos momentos se ausenta. La oración de los labios, la que se susurra o se recita en coro, sin embargo, está siempre disponible, y es necesaria como el trabajo manual.

Los grandes intercesores de las parroquias

Asimismo, el Papa Francisco dijo que, en la iglesia existen los ancianos que recitan a media voz las oraciones que aprendieron de niños, llenando el pasillo de susurros. Esa oración no molesta el silencio, sino que testimonia la fidelidad al deber de la oración, practicada durante toda la vida, sin fallar nunca. “Estos orantes de la oración humilde son a menudo los grandes intercesores de las parroquias: son los robles que cada año extienden sus ramas, para dar sombra al mayor número de personas. Solo Dios sabe cuánto y cuándo su corazón está unido a esas oraciones recitadas: seguramente también estas personas han tenido que afrontar noches y momentos de vacío. Pero a la oración vocal se puede permanecer siempre fiel”.

La oración repitiendo infinitas veces la misma invocación



En este sentido, el Santo Padre afirmó que todos tenemos que aprender de la constancia de ese peregrino ruso, del que habla una célebre obra de espiritualidad, el cual aprendió el arte de la oración repitiendo infinitas veces la misma invocación: “¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de nosotros, pecadores!”. Si llegaran gracias en su vida, si la oración se hace un día suficientemente caliente como para percibir la presencia del Reino aquí en medio de nosotros, si su mirada se transforma hasta a ser como la de un niño, es porque ha insistido en la recitación de una sencilla jaculatoria cristiana. Al final, esta se convierte en parte de su respiración.

No debemos despreciar la oración vocal

Por tanto, no debemos despreciar la oración vocal, concluyó el Papa Francisco, no es una cosa de niños o para la gente ignorante, no debemos caer en la soberbia de despreciar la oración vocal, ya que es una oración sencilla, la nos ha enseñado Jesús. Y sobre todo son las únicas, de forma segura, que dirigen a Dios las preguntas que Él quiere escuchar. Jesús no nos ha dejado en la niebla. Nos ha dicho: “¡Ustedes, cuando recen, digan así!”. Y ha enseñado la oración del Padre Nuestro.







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