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El Papa ordenará nueve sacerdotes para la diócesis de Roma
La celebración en directo en Vatican Media, Telepace y Tv2000.


Fuente: Vatican News



Seis en el Pontificio Seminario Mayor Romano, dos en el Colegio diocesano Redemptoris Mater, uno en el Seminario de Nuestra Señora del Divino Amor. En estos institutos de la diócesis de Roma han completado el camino que el domingo 25 de abril les llevará a ser consagrados sacerdotes de manos del Papa. A las 9 de la mañana, en el Altar de la Confesión de la Basílica Vaticana, nueve jóvenes - actualmente en retiro espiritual - de diversas zonas geográficas se presentarán ante Francisco.

Con las mangas arremangadas
Para Salvatore Marco -una infancia en el oratorio salesiano de Spezzano Albanese- la llamada llegó por la noche "durante la adoración eucarística en la iglesia", mientras que sus experiencias en Cáritas diocesana le hicieron comprender con fuerza la imagen tan querida por Francisco de  "la Iglesia hospital de campaña". "De alguna manera -dice- he sido las manos de la Iglesia de Roma que se alargaron hacia los más pobres". Diego Armando Barrera Parra, colombiano de 27 años, relata algo similar, ya que fue voluntario desde niño en una cárcel de menores y en una fundación para drogadictos. Allí", dice, "nació mi deseo de poder ayudar y servir a los demás para siempre".

Amor gratuito
El más joven de los nueve diáconos es Manuel Secci, de 26 años de Roma, que creció en una parroquia de Torre Ángela "donde el sentido de comunidad y las bellas experiencias" alimentaron su vocación. Salvatore Lucchesi, siciliano de 43 años, es en cambio definida "vocación madura" de una persona que sintió la llamada en la adolescencia y luego trasladado a Roma para cursar estudios universitarios la redescubrió en el signo de una total gratuidad de la gracia: "El Señor estaba allí y no me pedía nada".

El fútbol viene después
El brasileño Mateus Enrique Ataide da Cruz, de 29 años, que lleva siete años en Roma para asistir al Seminario de Nuestra Señora del Divino Amor, y que a los 15 años, mientras ayudaba a un anciano a aprender a usar un ordenador, debía "por contrato" "rezar con él y recitar el Rosario". Lo que al principio viví como una imposición, luego se convirtió en una necesidad para mí". Luego está Riccardo Cendamo, un hombre de 40 años con el sueño de ser director de cine -trabajo que hizo durante unos años- que luego se da cuenta de que su camino era otro. Y también está Samuel Piermarini, de 28 años, un futbolista en la mira de la Roma que  cuando estaba a punto de firmar el contrato le dijo al entrenador que no se sentía capaz de hacerlo. La historia cambia radicalmente y ahora, pensando en la ordenación, dice "¡no puedo esperar!".







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