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Jesús distribuyó el pan a los que estaban sentados, hasta que se saciaron
Meditación al Evangelio 16 de abril de 2021 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Las noticias sobre la falta de alimentos son cada vez más frecuentes y más alarmantes. Pero por otra parte vemos en la vida ordinaria las grandes procesiones hacia los centros comerciales, los grandes almacenes que diariamente desperdician toneladas de alimentos. Y así se suceden al mismo tiempo una serie de imágenes de hambre extrema junto a otras  de desperdicio y hartazgo.

Bastaría acercarse a los basureros para comprobar las incongruencias de una sociedad desequilibrada y loca: allí aparecen tiradas todas las cosas que unos ya no quieren, a veces sin ni siquiera haberlas estrenado, pero también allí aparecen los pepenadores y los hambrientos que buscan entre los desperdicios algo que les pueda ser útil.

La imagen del niño buscando comida en el bote de basura, es un insulto a la conciencia de toda la humanidad. Y Jesús, en estos días de Pascua, quiere insistirnos que el pan partido es fuente de fraternidad. No se puede despedir con hambre al hermano, no se puede dar la espalda a quien no tiene que comer… El alimento repartido es signo del Reino.

La clara alusión de que comieron todo lo que quisieron es señal de plenitud; el llenar los canastos con lo que ha sobrado es señal de justicia y de equilibrio. Este texto es un claro reclamo a nuestra sociedad pues estamos acabando con los bienes no renovables y estamos destruyendo la madre naturaleza, pero en beneficio de unos cuantos.

Jesús lanza la pregunta a Felipe sobre las posibles soluciones para dar de comer a todas las gentes; pero también nos lanza la pregunta a cada uno de nosotros. No podemos decir que a nosotros no nos toca; no podemos escudarnos en que ningún alimento es suficiente; no podemos tragarnos nosotros solitos lo que es de todos.



La señal de la resurrección ofrecida por Jesús es compartir el pan, hacerse pan para dar fuerza y vida. Hoy también nosotros tenemos que asumir nuestra responsabilidad, personal y colectiva, para buscar soluciones que lleven alimento para todos. Organizando, compartiendo, sintiéndonos hermanos, se pueden encontrar nuevas soluciones. Estamos llamados a defender la propuesta de Jesús de que el pan sea para todos como hermanos.








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