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"Jesús de Nazaret, que fue crucificado, resucitó" San Marcos 16, 1-7

¡RESUCITO! ¡ALELUYA!
Meditación al Evangelio 4 de abril de 2021 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



“Esta es la noche…”

 

Llena de signos y simbolismos ésta es la noche central para la vida de todo cristiano. Todo gira en torno a ella, porque esta noche conoce el momento íntimo y escondido de Cristo que vence a la muerte. Todo es símbolo en esta noche, pero símbolo de una realidad que las palabras no nos permiten expresar y se debe vivir íntimamente esta experiencia. ¿Cómo explicar el gran misterio de la Resurrección del Señor? Hay muchas figuras y cada una de ellas nos presenta a su manera lo escondido de este misterio. Se inicia la celebración con la bendición del fuego nuevo y el encendido del Cirio Pascual. ¿Qué mejor señal que iniciar con esta manifestación de luz que rompe la oscuridad de la noche? ¿Qué puede significar para nosotros? Al encender el Cirio Pascual se hace una oración que resume nuestros deseos: “Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu”. Y una vez encendido el Cirio, se inicia el peregrinar, aún en la oscuridad, tras el cirio pascual. Nos recuerda el peregrinar de un pueblo tras su luz verdadera que es Cristo. Por más que hay desesperanza no podemos caminar en las tinieblas. Cristo nuestra luz, ha resucitado. Y así, se entona solemnemente el pregón pascual. Precioso canto que, resumiendo la historia de la salvación, llena de sentido y vida esta celebración. Invitación al verdadero gozo y a la alabanza del Señor Resucitado, “verdadero lucero que no conoce ocaso”

 

Palabra y camino



 

Las lecturas siguen un camino de reflexión y de vida. Nos llevan desde la creación hasta la experiencia de la tumba vacía. Hacen recordar el largo caminar del hombre, de su historia, de la historia de un pueblo que ha vivido en el dolor de su fracaso, pero también la seguridad del Señor que lo ha liberado de la esclavitud. Nos llevan de la mano a buscar el corazón nuevo y el espíritu nuevo para participar de la Resurrección, porque Resurrección es agradecer los hermosos dones gratuitos de Dios que rodean nuestra existencia. Es vivir, como el pueblo de Israel, la experiencia de la salida de la esclavitud a la libertad, una experiencia que pasa por el contacto con el agua del Mar Rojo y para nosotros por la de las aguas bautismales; un camino guiado por la columna de fuego y por la nube que conduce a Israel de la experiencia de muerte a la de la vida.

 

Su muerte y nuestra muerte

 



Toda la ley, los profetas y los salmos dan testimonio de haber anunciado el gran acontecimiento que hoy celebramos como una realidad.  Jesucristo, habiéndose hecho hombre para liberarnos de la ley del pecado y de la muerte, ha invocado a su Padre y “Dios lo ha resucitado al tercer día y se ha aparecido a los testigos escogidos”. Hoy nos unimos a toda la creación para gritar fuerte “¡Aleluya! ¡Ha resucitado!” y con Él también nosotros tendremos resurrección y vida. Ya no debemos temer, nuestro Señor está vivo. También para Él la muerte era un mar tormentoso y el pecado era como un dragón, pero ha entrado en la lucha confiando en Aquel que lo había enviado y ha vencido, por eso le cantamos y nos afirmamos en nuestra lucha contra la injusticia y la muerte.

 

Su resurrección y nuestra resurrección

 

Pero no podemos limitarnos a cantar alabanzas a Jesús resucitado, que ojalá esta noche lo hiciéramos con todo nuestro corazón, sino que debemos reflexionar que su Pascua es nuestra Pascua: con Él hemos muerto y con Él resucitamos, con Él hemos dejado las cosas de este mundo para sentarnos con Él a la “derecha de Dios”; con Él miramos una nueva primavera que hace resplandecer la naturaleza y la humanidad con nuevas ilusiones. Aquella piedra enorme fue quitada de la entrada del sepulcro de Cristo y se ha convertido en la prueba de la victoria de Dios sobre el pecado, sobre la muerte y sobre toda debilidad o mal. Y aquella piedra se ha convertido en testigo de que Cristo ha resucitado. Cristo hoy viene también a quitar de nuestra vida las piedras que nos impiden vivir y nos ahogan en el silencio de la muerte a los cristianos apocados por el temor, la persecución y el pecado. Hay quien ha perdido la fe y no tiene ya la ilusión de poder vivir.

 

El agua

 

En un acontecimiento tan especial no podría quedar ausente el agua: símbolo de fecundidad y vida. El agua purifica, lava, vitaliza, fecunda a la nueva humanidad. Por eso en esta noche santa de un modo especial se bendice el agua bautismal y se nos recuerda que en el bautismo “fuimos sepultados con Cristo para resucitar también con él a la vida”. Renovando las renuncias al pecado y fortaleciendo la profesión de fe, el bautizado se compromete a unirse a Jesús para vencer todos los signos de muerte y crear nuevos signos de vida.

 

Resucitados hoy

 

La Resurrección de Jesús no queda en el pasado como un acontecimiento bello pero lejano. La resurrección de Cristo se hace presente hoy en nuestras vidas porque también hemos hoy sido capaces de quitar las piedras, de abandonar el sepulcro y de encontrar nueva vida. Que esta noche, unidos a Jesús, la vivamos en plenitud, que lo acompañemos con nuestras alabanzas y nuestras obras en su triunfo sobre la muerte. No podemos vivir con tristeza, hoy todo se renueva. Hoy nacen nuevas esperanzas e ilusiones. ¡Aleluya! ¡El Señor ha resucitado! Ahora nos toca a todos nosotros ir por el mundo anunciando al Señor Resucitado. Vivamos así plenamente la Vigilia Pascual.

 

Dios nuestro, que por medio de tu Hijo venciste a la muerte y nos has abierto las puertas de la vida eterna, concede a quienes celebramos hoy la Pascua de Resurrección, resucitar también a una nueva vida, renovados por la gracia del Espíritu Santo. Amén.








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