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«Que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16)
Reflexión del domingo IV de Cuaresma Ciclo B


Por: Roque Pérez Ribero | Fuente: Catholic.net



«Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).

En este cuarto domingo de Cuaresma, si hay un mensaje claro que nos revela el Señor a través de su Palabra, es el del gran amor gratuito que tiene por cada uno de nosotros. Así, me ayuda hoy el inicio de la segunda lectura: «Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo -por gracia habéis sido salvados- y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús» (Ef 2,4-6).

Esos dos versículos de la segunda lectura condensan todo el mensaje que expresa San Juan en su evangelio de hoy: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). El Señor nos ama gratuitamente. Nos ha amado desde siempre. Conoce nuestros sufrimientos, nuestras heridas, nuestras debilidades. Y no se ha quedado indiferente en el cielo ante el sufrimiento de nuestros pecados, sino que por puro amor ha enviado a Cristo a salvarnos: «En verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir -; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rm 5,7-8).

Así, resuena en mi corazón la palabra que expresa Dios a través del profeta Ezequiel: «¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado - oráculo del Señor- y no más bien en que se convierta de su conducta y viva?» (Ez 18,23). Dios no es como nosotros, los humanos. El amor de Dios supera toda barrera. Muchas veces el ser humano ama a aquel que le edifica, que le ofrece a cambio algún beneficio de la especie que sea. Sin embargo, Dios ama a todos por igual. Y sigue amando al ser humano con una paciencia y misericordia infinitas. Y nos recuerda el Señor hoy la misión a la que nos llama: Mostrarle al mundo que Dios le ama, que no ha venido a castigar sino a salvar, que no condena sino que salva. Como dice en un pasaje de San Mateo: «Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mt 5,44-45).

Pero no lo pide el Señor como un moralismo opresor, sino que habiéndolo realizado Jesucristo durante toda su vida terrena, expresándolo plenamente en su Pasión y su Muerte, nos ha concedido su Espíritu Santo para poder realizar esta misión impresionante, que supera toda capacidad humana, SIENDO UNO CON ÉL: «Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados» (Rm 8,15-17). Así, como dirá Cristo: «Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5).



Así, la Palabra que nos regala el Señor hoy es un anticipo del próximo Triduo Pascual, que estamos casi a punto de celebrar, ya que nos invita a contemplar el gran amor con el que Dios nos ha amado desde siempre, a recordar la acción salvadora de Cristo en nuestras vidas, además de invitarnos a no dudar nunca de su amor y a tener un corazón agradecido por las maravillas que ha hecho y está haciendo con nosotros: «¡Sí, grandes cosas ha hecho, maravillas, ha hecho el Señor con nosotros!» (Sal 126,3), además de manifestar este amor de Dios a todas las personas con las que convivimos.

«En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él» (1 Jn 4,9). Feliz domingo.







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