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El publicano regresó a su casa justificado y el fariseo no
Meditación al Evangelio 13 de marzo de 2021 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Hay actitudes de las personas que no pasan de moda, así los fariseos de hoy nos pareceríamos mucho a los fariseos del tiempo de Jesús: pagados de sí mismos, seguros de su sabiduría, justificados de todas sus acciones.

La seguridad que da el dinero, la sabiduría, las posesiones y el poder, llevan con frecuencia a despreciar y a tener en menos a los hermanos. Por desgracia esto lo vemos hasta en la misma familia: si uno de los hermanos ha tenido más éxito ante los ojos del mundo, porque ha ganado más dinero o porque ha obtenido mejores puestos, con frecuencia desprecia a sus hermanos y, a lo más, ofrece su ayuda como unas migajas que se otorgan, pero que se cobran con exigencias de servicios y dependencias.

Lo más triste es cuando esta prepotencia la manifestamos argumentando nuestra limpieza y justicia delante de Dios, como si Él nos tuviera que pagar por los servicios que hemos dado, por nuestra justicia y nuestra oración. El orgulloso y pretencioso no encuentra acogida ante los ojos de Dios.

Dios prefiere un corazón contrito y humillado. Cuando se reconoce pequeño y necesitado, el hombre puede obtener la misericordia de Dios. Pero el reconocerse pequeño implica también un corazón abierto a los hermanos. Ya el profeta Oseas exigía a quienes querían volverse a Dios: “Misericordia quiero, no sacrificios”. No se trata de palabrería, ni de golpes de pecho, sino de una verdadera conversión que vuelva nuestro corazón hacia los hermanos.

Buscar la sabiduría de Dios que recibe a todos los hijos como hijos amados. Que triste que muchas decisiones se tomen despreciando las capacidades de los más pobres y sencillos y que se argumente su ignorancia o su incapacidad, cuando se esconden la ambición y el poder.



La prepotencia sigue siendo una constante en muchos de nosotros que nos sentimos privilegiados y mejores que los demás. Sin embargo, Jesús descubre la falsedad de los antiguos y modernos fariseos y nos manifiesta el verdadero camino de la conversión: sólo cuando se hace pequeño y se reconoce el propio pecado; sólo cuando se mira al otro como hermano, sólo entonces se puede obtener la misericordia de Dios.








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