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Cuídense de la levadura de los fariseos y de la de Herodes
Meditación al Evangelio 16 de febrero de 2021 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Hay tragedias que se conservan en el corazón de la humanidad. Hay acontecimientos a los que no se les puede encontrar ninguna explicación. La mayoría de los estudiosos piensan que, en el trasfondo de la narración del diluvio, llamado universal, está una enorme tragedia que hizo reflexionar mucho a los hombres de su tiempo y buscar una explicación.

El hombre religioso no puede mirar los acontecimientos, todos, lejos de la relación con Dios. Así nace la explicación de un diluvio causado por la maldad humana, un diluvio que les pareció universal, un diluvio del que fueron salvadas unas cuantas personas a las que consideraban no sólo afortunadas, sino justas. Nuevamente con rasgos antropomórficos y con actitudes muy humanas nos presenta el escritor al Señor Dios preocupado por la maldad que existe en la tierra.

¿Qué nos puede enseñar esta narración? Hoy también hay grandes tragedias que a quienes las vivimos nos parece que todo el universo se acababa: los tsunamis, los terremotos, las inundaciones o las graves tragedias que en estos días han provocado las bajas temperaturas y ahora sobre todo la pandemia. Son fenómenos que para muchos tienen sólo una explicación científica y no se preguntan qué nos pueden enseñar. Para el hombre religioso, siempre habrá la pregunta qué me está diciendo Dios a través de todos estos sucesos. Indudablemente que muchos serán consecuencia de la conducta del hombre.

Toda la destrucción que el hombre hace de la naturaleza, la irresponsable utilización de los recursos, el manejo indiscriminado de gases, ácidos y gasolinas… la ambición de los hombres que acaban con el agua, los bosques y las selvas para el provecho de unos pocos… Todo va teniendo sus consecuencias. Leía en días pasados un letrero que retador decía: “Dios perdona siempre, el hombre a veces, pero la naturaleza nunca”.

Muchas de las tragedias son provocadas por el hombre; el cambio climático y los descontroles de los tiempos, tienen su origen en abusos del hombre. Al escuchar la narración del diluvio debemos también nosotros preguntarnos si nuestra maldad no ocasiona los desastres y qué podríamos responder a Dios que nos ha encomendado el cuidado de la naturaleza.










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