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La gente comió hasta quedar satisfecha
Meditación al Evangelio 13 de febrero de 2021 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Al escuchar la primera lectura donde se nos narran las consecuencias del pecado, a muchos nos queda la duda y la sensación de que Dios fuera un vengador y estuviera como espiándonos para darnos nuestro merecido. Sin embargo, las graves consecuencias que trae el pecado brotan del mismo pecado y desgraciadamente caen sobre muchas cosas.

En este caso concreto las consecuencias se pueden sentir sobre la serpiente, símbolo de quien incita al pecado, sobre la tierra, sobre la mujer y sobre el hombre. La dinámica de quien hace un mal, está reflejada muy claramente en la secuencia que nos presenta el Génesis. Nadie se quiere hacer responsable.

Todos tienen alguien a quien acusar y sobre quien cargar las culpas. El hombre acusa a la mujer, la mujer a la serpiente… pero no aceptan su culpabilidad. Aunque es una narración con muchos símbolos dibuja perfectamente lo que ocurre cuando hacemos el mal. Es difícil aceptar nuestra responsabilidad. Culpamos al ambiente, a las autoridades, a los otros, al tiempo… pero no queremos aceptar nuestras culpas.

Me llama la atención cuando visitamos algún penal, casi todos los presos se acercan a platicar cómo fueron acusados injustamente y que otros tienen la culpa. No dudo que haya algunos que realmente sean inocentes, pero es muy difícil que uno acepte su culpabilidad sin excusarse. Lo mismo sucede en los eventos políticos o en los grandes desastres, como el que estamos viviendo, siempre buscamos un culpable… y hasta en los encuentros deportivos: casi nunca se acepta la derrota, sino que se buscan excusas y culpables. ¿Y en la familia? Hacemos lo mismo, culpamos de nuestros errores a los demás.

Lo primero que tendremos que aprender en este día es que nuestras acciones tienen consecuencias, no de parte de un Dios vengador, sino porque el pecado trae su propio castigo.  Pero, atención, este mismo texto ya nos está anunciando la verdadera salvación y el perdón definitivo. Es el llamado protoevangelio, que nos anuncia al Salvador que dominará a la serpiente. En medio de las terribles consecuencias del pecado, tenemos el auxilio amoroso de nuestro Dios.










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