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Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
Meditación al Evangelio 12 de febrero de 2021 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Una de las interrogantes más duras con las que se encuentra el hombre es la presencia del mal en su vida. La enfermedad, el dolor, el sufrimiento y la muerte, han inquietado a los hombres de todos los tiempos.

El relato del Génesis nos ofrece una respuesta a esta presencia del mal y lo atribuye a la irresponsabilidad del hombre. Para el creyente todo está en manos de Dios, pero Dios ha dejado en libertad al hombre para aceptar o negar su amor. El relato, igual que en los pasajes anteriores, está lleno de simbolismos, pero también nos ofrece en síntesis la mecánica de todo pecado: la tentación, el querer ser más que los demás, la ambición y el deseo de poder.

En el fondo son las propuestas que el demonio hace también a los hombres de nuestro tiempo y son las consecuencias de quienes se dejan llevar por el pecado. Algunos han querido ver en el árbol diferentes simbolismos, pero lo realmente importante es la realidad del hombre que niega a Dios, que quiere ponerse en su lugar y que se somete sólo a su propia soberbia. Es el mismo pecado de la actualidad que provoca los más graves sufrimientos y el mayor dolor.

La ambición del hombre y su deseo de poder lo han llevado a comerse el fruto que Dios tiene destinado a toda la humanidad, lo han impulsado a erigirse como único centro y dueño de toda la creación dispuesta para todos los hermanos. Y las consecuencias, sobre todo actualmente, no se han hecho esperar: una naturaleza dolorosamente destruida, un panorama de hambre y desolación, una humanidad dividida y en pleitos.

Cuando el hombre quita a Dios, pierde su sentido y lejos de crecer en dignidad se queda sin bases ni razones para existir. Aparece desnudo y sin sentido. El pecado, que hoy muchos quisieran suprimir, sigue siendo la principal causa de los males de la humanidad. Tendremos que revisar desde nuestros pecados personales, hasta los pecados sociales, que están destruyendo nuestras comunidades y nuestro país. Estamos llamados a dar la vida y no a dar la muerte. Estamos llamados a reconocernos hermanos.









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