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"No enseñaba como los escribas, sino como quien tiene autoridad" San Marcos 1, 21-28

Palabras Creíbles
Meditación al Evangelio 31 de enero de 2021 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Es una experiencia extremecedora. Sus ojos parecían salirse de sus órbitas, su cara desencajada y descompuesta, su cuerpo arqueándose y retorciéndose, gruñidos, gritos, quejas e insultos, todo daba un espectáculo de pavor y de miedo. Era apenas una niña de trece años, pero nadie parecía advertirlo. Era imposible detenerla, a pesar de que ya la habían atado a los barandales de la cama. Los gritos y la preocupación estaban en todos los presentes. Lejos había quedado su apacible faz de adolescente inquieta y traviesa, dulce y enigmática. “Está poseída por el demonio” gritaba una señora. “Traigan al padre para que le haga un exorcismo” decía otra. Los familiares, desconcertados, no atinaban a buscar soluciones. Avergonzados y temerosos, no querían seguir siendo aquel espectáculo inaudito que aglomeraba a los mirones y para el cual que nadie parecía tener respuesta. ¿Estaba su hija realmente poseída por el demonio? ¿Era solamente una enfermedad sicológica o un trauma a causa de los problemas familiares que estaban enfrentando? Nadie les daba una respuesta. Hay momentos de incertidumbre y oscuridad, entonces se presenta Jesús.

 

Ya está listo Jesús, rodeado por sus discípulos emprende una intensa actividad con la que anuncia y manifiesta la presencia del Reino como una buena noticia. Las primeras acciones que nos narra San Marcos tienen dos dimensiones muy fuertes: enseñar con autoridad  y liberar de toda opresión. El lugar elegido es Cafarnaúm, pequeña ciudad a orillas del lago de Galilea, cruce de culturas, punto fronterizo y cosmopolita, que llegará ser especialmente entrañable al convertirse en el centro de sus operaciones. Enseña en la sinagoga, en el lugar ordinario de la proclamación de la palabra de la Ley de Israel. Allí su palabra resuena novedosa y llena de autoridad. ¿Por qué dicen las gentes que enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas? No porque mande mucho o haga ostentación de sabiduría y de poder, sino porque “tiene en su boca las palabras de su Padre” que dan vida y salvación. Su autoridad brota de su misma entrega, de su servicio y de su amor. Su palabra anuncia Buena Nueva y toca el corazón. Los escribas enseñan muy bien la ley, pero una ley que esclaviza y que al endemoniado lo deja atado al hombre impuro. Jesús libera y sana, y da una nueva interpretación de la ley al hacer una curación en sábado.

 

Hoy asistimos a una grave crisis de credibilidad de la autoridad y su palabra, en la vida política, social, económica, familiar y hasta religiosa. Y como se pierde la autoridad por no ir respaldada con hechos, se quiere imponer con gritos, amenazas, castigos y fuerza. Así encontramos desde padres que exigen obediencia “sólo porque yo mando”, hasta ejércitos que con muerte y destrucción hacen ver “la autoridad” de los poderosos. A la luz de la autoridad de Jesús ¿qué tendríamos que replantearnos todos los que de algún modo tenemos autoridad? ¿Cómo pueden las palabras de un maestro, de un papá, de un sacerdote o de un gobernante estar llenas de autoridad? Mientras nuestras palabras no vayan respaldadas por el amor y por hechos que den vida, quedarán huecas y vacías.



 

Mucho se ha hablado a cerca de los milagros de Jesús y se ha cuestionado si realmente cada vez que se dice que Jesús expulsó a un demonio lo tendríamos que entender en el verdadero sentido de una posesión satánica. Debemos recordar que en aquellos tiempos toda enfermedad era vista como un castigo y como una obra del demonio y que su curación no solamente podía ser vista en términos de sanación física, sino como una verdadera liberación de un poder maligno. Todo mal y toda enfermedad esclavizan y atan a la persona y Cristo viene a liberar a la persona íntegra. Así que no siempre serán exorcismos los que haga Jesús pero sí todos sus signos serán liberación del mal y de la opresión. Como cristianos que intentamos seguir a Jesús hemos de traducir este “milagro” a nuestro tiempo y circunstancias. El reto en nuestros días es hacer “milagros” que, al igual que el de Jesús, humanicen, dignifiquen y liberen. Necesitamos expulsar los demonios de la pobreza, la mentira y de la corrupción, necesitamos sanar a nuestra sociedad de la ambición y del materialismo, necesitamos una lucha abierta contra las drogas y la violencia. Necesitamos rehabilitar al hombre y hacerlo nuevo. Estas serían las palabras de autoridad que cada uno de nosotros tendría que pronunciar  para que al proclamar que el Reino de Dios está cerca, se pueda percibir entre nosotros.

 

A veces damos la impresión de responder a la presencia de Jesús con las mismas palabras que decían los demonios. Reconocían su autoridad pero no querían su presencia y por eso decían: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros?” Y ciertamente la palabra de Jesús es exigente y descubre el corazón, pero es la única que nos dará la verdadera vida y libertad. Purifica y sana, pero hemos de abrirle el corazón. En este día pensemos: ¿cómo estamos acogiendo esta palabra de Jesús? ¿En qué forma ejercemos la autoridad? ¿Qué “milagros” hacemos que dignifican a las personas y hacen creíble la presencia del Reino en medio de nosotros? Sin temores, con sinceridad y audacia, porque Cristo está con nosotros.

 



Padre Bueno, concédenos acoger con un corazón abierto las palabras de tu Hijo y traducirlas en “milagros” que hagan creíble la presencia de su Reino en medio de nosotros. Amén








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