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"Hemos venido de Oriente para adorar al rey de los judíos" San Mateo 2, 1-12

Por otros caminos
Meditación al Evangelio 3 de enero de 2021 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Desde la prisión

Chirridos de candados, arrastrar de puertas, revisiones exhaustivas, y después de una larga espera y lograr pasar controles y seis puertas por fin estamos en otro mundo: la cárcel. Los barrotes, las celdas, los guardias, todo hace que el ambiente sea imponente. El tiempo corre lentamente y la esperanza disminuye.  Aunque es una visita ordinaria, por ser tiempo de Navidad se siente una expectativa diferente y se renuevan las ilusiones. Pronto los rostros conocidos esbozan una sonrisa, se acumulan los escritos solicitando revisión de expedientes y las consabidas protestas porque cada reo se siente inocente. Pero hay uno que llama mi atención porque en su diálogo muestra una paz y una serenidad que contrastan. “Yo en la cárcel he aprendido a ver las estrellas. Como no puedo mirar a través de los muros, contemplo el cielo y me siento libre. Al sentirme solo, desnudo y sin nada, pude buscar mi estrella.  En serio, he descubierto en prisión la verdadera libertad y se me han abierto los ojos. Tengo a Cristo conmigo y puedo compartirlo con mis hermanos”, me comenta tranquilo mientras la mayoría de sus compañeros buscan con desesperación algo que les ofrezca un poco de esperanza.

 

Más allá de nuestras barreras

Hoy celebramos la fiesta de la Epifanía o como la llamamos popularmente la fiesta de los Santos Reyes. Epifanía es la manifestación del Señor, el Dios niño que sale al encuentro de los hombres. El Dios Niño que no teme involucrarse con todas las razas y naciones para hacer de todas ellas una sola familia. Es el punto central de esta fiesta. Cristo se presenta y se ofrece como un amor y una luz con capacidad para atraer a los lejanos; como una llamada amiga, audible, que convoca, moviliza y vincula más allá de las barreras levantadas por los hombres; como un don universal, no sujeto a las mezquindades y particularismos de un pueblo o una cultura, sino abierto a todas las personas, a todos los lugares y a todos los tiempos. Jesús es el gran paso de Dios que salva la trascendencia, la lejanía, el silencio, y llega a nosotros, después de un largo recorrido de amor, temblando, mendigo de amores. Jesús es la aventura del encuentro entre Dios y los hombres que supera las distancias, las diferencias y hace a todos los hombres hermanos. Y ahí está, como una estrella, esperando ese encuentro en profundidad que logre movilizar al ser humano. Ahí está dispuesto a iluminar, guiar y transformar. Pero el hombre necesita abrir su caparazón de seguridad y dejarse iluminar. El riesgo es la transformación, el inicio de la aventura, el amor y el dolor. Ciertamente vale la pena una vida vivida así, al estilo de Jesús. Es mejor sufrir en el dolor del amor y en el seguimiento de una estrella, que permanecer estéril en el sinsentido de una vida vacía.



 

Jesús para toda la humanidad

Aunque nuestras sociedades se dicen modernas, solidarias y muy respetuosas de los derechos humanos, nos encontramos con muchas muestras de discriminaciones, de desprecios y de exclusividades. Las redes sociales en días pasados, en medio del escándalo, exhibían a un funcionario que no soportaba los olores de unas pobres mujeres a quienes tenía que servir, mientras otros comentarios ofensivos y despreciativos mostraban a los indígenas como incapaces de elección en el presente contexto político. Con pretexto de inseguridades y de economías se cierran fronteras, se construyen condominios exclusivos, se colocan cadenas, y se mira al que viene de lejos como adversario y enemigo. Las medidas económicas que buscan superar las crisis, dejan de lado a los pobres y marginados como si no contaran o fueran incapaces de aportar.  El pasaje de Mateo no pretende ofrecernos una narración histórica, sino darnos la más extraordinaria noticia: Jesús se hace hombre para toda la humanidad. Con razón la tradición ha asignado a cada rey una nacionalidad y una raza diferente para, todos juntos, hacer un camino que lleve hasta encontrarse con el Recién nacido. Es la única forma de encontrar la verdadera paz: hacer el camino hombro con hombro, paso a paso, con el diferente, con el distinto, con el que viene de lejos, con el que puede tener otras costumbres, otras formas de pensar, pero que es mi hermano. Este nuevo mundo posible que nos ofrece Jesús por muchos es considerado como un sueño, pero que con Jesús lo podemos hacer realidad. Hoy es día de las estrellas, día de ilusión, día de creer posible lo maravilloso. Hoy es día de apreciar la grandeza de lo pequeño y atrevernos a seguir una estrella para postrarnos a los pies de un niño recién nacido. Hoy es día de mirar más allá de nuestros muros y descubrir el titilar de esa Estrella.

 

Por otros caminos



La interrogante que quema el corazón de los magos, también quemará el nuestro si somos capaces de vislumbrar, en medio de nuestras oscuridades, la gran luz que guiará nuestros pasos: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”. No tengamos miedo y vayamos en su búsqueda. Herodes y Jerusalén se sienten perturbados, tienen miedo que se vean trastocados sus planes, su situación de privilegio, en fin, toda su vida. Por eso se cierran a la alegre noticia que ofrecen los visitantes y, aunque ellos tienen las respuestas, optan por destruir la Buena Nueva. No seamos nuevos Herodes que se encadena a sus poderes y a sus miedos. Seamos capaces de descubrir a Jesús, el rostro de Dios, en cada niño pequeño, en cada hombre y mujer que encontramos, en cada hermano nuestro. Y si logramos ver el rostro de Jesús, entonces abandonaremos los caminos de la injusticia y la violencia y podremos como los magos, retornar por otros caminos: el camino de la alegría y la felicidad, el camino de la solidaridad y la fraternidad, el camino del reconocimiento de cada persona como hijo de Dios.  Si logramos ver el rostro de Jesús habremos descubierto la Estrella que ilumine nuestros caminos. Quien encuentra a Jesús no puede seguir por “sus mismos caminos”. Continuará en sus mismos lugares, pero con un corazón y una mirada nueva, porque una Estrella ha iluminado su vida. ¿Qué significa para ti esta fiesta de la Epifanía o de los Reyes? ¿Cómo ha transformado tu vida?

 

Señor, Dios nuestro, que por medio de una estrella diste a conocer en este día, a todos los pueblos, el nacimiento de tu Hijo, concede a los que ya te conocemos por la fe, llegar a construir, junto a todos los hombres, el nuevo Reino iniciado por Jesús en Belén. Amén.








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