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Ana hablaba del niño a los que aguardaban la liberación de Israel
Meditación al Evangelio 30 de diciembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



No se puede ocultar la alegría que produce la Navidad cuando en nuestro corazón ha nacido el Salvador. Todos estos días hemos escuchado de diferentes formas y de diferentes personas, el testimonio de una felicidad que brota del corazón por su presencia.

Los humildes, los pobres y sencillos, son quienes con más vehemencia expresan los sentimientos que produce la llegada del Mesías. Hoy se nos presenta una mujer que a los ojos de pueblo tiene poco valor: es una anciana que si bien estuvo casada, se presenta como viuda, sola y sin familia, y es ella precisamente quien proclama las alabanzas y quien invita al reconocimiento de este niño como el esperado para la liberación de Israel.

San Lucas siempre pone en boca de los pequeños el anuncio de los grandes acontecimientos, porque esta es la forma de actuar de Dios y esta es la forma de responder de los sencillos. Largo tiempo de espera, silenciosa oración y callada esperanza, han forjado el corazón de esta mujer que ahora prorrumpe en alabanzas y cantos de alegría.

Es la alabanza de los sencillos la que mantiene despierta la esperanza de nuestro mundo. ¿Escucharemos hoy esta voz? Muchos siguen esperando la liberación pero con frecuencia se pone en poderes terrenales y en esperanzas materialistas. La voz de Ana hoy busca despertarnos y hacernos ver la grandeza de este niño que puede saciar todas nuestras expectativas.

Jesús es el Mesías esperado, el anhelado por quienes luchan por la verdad y la justicia en condiciones de pobreza y debilidad. Ciertamente tendremos que cambiar nuestros sueños de grandeza para descubrir que este Niño, Palabra hecha carne, es la verdadera respuesta a nuestras esperanzas. En Él alcanzaremos la verdadera liberación.



Como epílogo de este pequeño pasaje nos ofrece San Lucas la forma de construir el nuevo mundo: en la sencillez de un hogar va creciendo Jesús, se fortalece y se llena de sabiduría. Un hogar donde se respira la presencia de Dios. ¿Son así nuestros hogares? ¿Es la forma en que queremos construir un mundo nuevo a partir de lo pequeño, de la vivencia del hogar, de la experiencia de la presencia de Dios?








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