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No serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre
Meditación al Evangelio 26 de diciembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



¿Cómo viviste la Navidad? ¿Cómo descubriste la presencia de Jesús-Niño en medio de nosotros? Mis mejores deseos son que aún perdure en cada uno de nosotros esa seguridad del amor de Dios que se hace carne débil para caminar con nosotros. ¿No descubriste a Jesús-Niño en esta Navidad? ¡Está muy cerca de ti! ¡Está en tu corazón!

Muchas veces no descubrimos en un primer vistazo la verdadera dimensión de las cosas o de las personas. Quizás así nos pase con Jesús, por eso en estos días que siguen a Navidad se nos ofrece la oportunidad de descubrir el verdadero rostro de Jesús y en medio de los cantos y de las luces, va delineándose de una manera más clara y más objetiva ese rostro. Si nos acercamos más descubriremos nuevos rasgos de ese Niño.

Estos días que siguen a la Navidad, aunque parecerían como fiestas distintas, encontramos testigos que vienen a descubrir el verdadero rostro de Jesús. Iniciamos hoy con Esteban que viene a enseñarnos cómo se vive plenamente esa presencia de Jesús en nuestro corazón.

Esteban era uno de los siete hombres que habían sido elegidos como diáconos en la primera comunidad cristiana para hacer realidad los mandatos de Jesús: el anuncio y la caridad, como expresión de su presencia, con una radicalidad que lo lleva hasta aceptar los riesgos y aún la muerte. Ésta es la primera lección que podemos aprender de San Esteban: el anuncio, el seguimiento y el amor, van siempre unidos. Si leemos con atención el pasaje que nos presenta su martirio, descubriremos que Esteban asume las mismas actitudes, las mismas experiencias, las mismas voces de Jesús.

Descubre a Jesús como el Resucitado al mirarlo en los cielos abiertos sentado a la derecha de Dios, pero acepta la cruz como el camino que lo lleva a esa glorificación. Así en este primer día del tiempo de la Navidad, Esteban se encarga de mostrarnos a Jesús, recién nacido, hecho carne, pero con la experiencia de quien lo ha visto resucitado y que reconoce que para seguirlo se tiene que pasar por la cruz.



¿Cómo estamos aceptando a Jesús en nuestra vida? ¿Somos coherentes hasta manifestarlo en nuestro amor y en nuestras palabras? Seamos también nosotros testigos de Jesús. Gritemos al mundo: “Un Niño nos ha nacido”.








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