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Una carta desde el corazón
Te deseo las bendiciones del Padre y el consuelo del Espíritu Santo.


Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net



El padre abad puso sus manos en el teclado y empezó a escribir a un amigo con el que podía abrir su corazón con plena confianza.

“Te mando un saludo en estos días difíciles y ante tantas noticias que giran con rapidez y generan tanta confusión.

No te puedo explicar de modo completo lo que siento. Quizá si el tiempo permite encontrarnos, lo intentaría de palabra.

Ahora solo te comento que intento rezar ante las pruebas que afectan a millones de seres humanos, a la Iglesia, a nuestra diócesis.

Sé que la oración ha sido y es una necesidad de todo aquel que se siente hijo de Dios y que busca misericordia.



También intento rezar lo mejor que puedo por los gobernantes. Necesitan mucha luz para trabajar por el bien de todos, y para evitar decisiones que provoquen más daños que beneficios, como tristemente ha ocurrido en tantos momentos de la historia.

En concreto, estos días me causa tristeza y perplejidad ver que, con la excusa de evitar enfermedades, se dejan abiertos mercados y otros lugares públicos, al mismo tiempo que se cierran las iglesias...

También me produce un hondo dolor escuchar ideas, incluso entre quienes deberían ser maestros de la fe y apoyo para sus hermanos, que van contra la sana doctrina, que confunden a los pequeños, que nos apartan de la Tradición recibida de Cristo y de sus apóstoles.

No quiero que pienses que estoy desanimado, aunque hay ocasiones en que me viene a la mente esas dramáticas palabras de Jesús: “Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” (Lc 18,8).

Otro texto que resuena en mi corazón se encuentra en la segunda carta de san Pedro: “habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán herejías perniciosas y que, negando al Dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida destrucción. Muchos seguirán su libertinaje y, por causa de ellos, el Camino de la verdad será difamado” (2P 2,1 2).



Parece que se hace realidad lo expuesto por san Juan Evangelista sobre la venida del Anticristo en quienes niegan a Jesús como el Cristo (cf. 1Jn 2,18-23, y lo que dice sobre el tema el “Catecismo de la Iglesia Católica”, nn. 675-677).

Incluso vemos que hoy, como en tantos otros momentos de la historia, hay quienes creen dar culto a Dios al perseguir y asesinar a los hijos de la Iglesia, como ya había anunciado el Maestro (cf. Jn 16,2).

Son momentos duros. Quizá en el pasado ha habido situaciones parecidas, incluso peores. Pero la que ahora vivimos provoca daños enormes y deja heridas en las personas y las sociedades, sobre todo cuando en algunos lugares el poder del gobierno y de los que gestionan buena parte de los medios de comunicación trabajan claramente por marginar, acallar, incluso perseguir a los verdaderos discípulos de Jesús.

Cristo, lo sabemos, ha vencido. La muerte no tenía ningún poder sobre Él. El Padre lo resucitó: por eso ahora está vivo, nos acompaña y consuela.

Te dejo esta carta escrita desde el corazón. Considero un regalo de Dios poder encontrar almas como la tuya, pues buscamos tener un mismo pensar y un mismo sentir, como enseña san Pablo (cf. 2Cor 13,11; Flp 2,2).

Pidamos unos por otros. Te deseo las bendiciones del Padre y el consuelo del Espíritu Santo. Que Cristo nos dé fuerzas para tomar decisiones valientes, incluso si llegase la hora de dar testimonio, con la propia vida, de nuestra común fe y de la caridad que ha sido sembrada en nuestros corazones.

Tuyo en el Señor...”.







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