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Ha hecho en mí grandes obras el que todo lo puede
Meditación al Evangelio 22 de diciembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Con los Mártires de Acteal y con todos los mártires de nuestra patria nos unimos en esperanza y  en búsqueda de justicia y de verdad. Este día toda la liturgia con sus lecturas, salmo y antífonas, tienen un tinte especial de alegría y de gozo. Desde la primera lectura, el libro de Samuel nos pone a contemplar a Ana que da gracias a Dios porque escuchó su ruego.

A la que era estéril le ha florecido un hijo y quiere ofrecerlo al Señor. En el salmo recitamos su mismo cántico, compuesto de oraciones bellas que retoma de la sabiduría hebrea, las hace propias y pronuncia con exaltación su alabanza al Señor. En el evangelio de Lucas encontramos el cántico de alabanza que entona María. Ese cántico que es conocido por todas las generaciones como el Magnificat y que expresa el pensamiento de un pueblo que se sabe amado, protegido y rescatado por Dios. En labios de María se hace más comprensible esta alabanza ya que ha mirado a la pequeña, a la sencilla.

A lo largo del cántico se nos muestra la manera de actuar del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Un Dios que cumple sus promesas y que se acuerda siempre de su misericordia, un Dios que no teme a los poderosos sino que trastoca sus planes, un Dios que se hace cercano y acompaña a su pueblo. Este bello cántico resume la teología de un pueblo que se siente acompañado de su Dios: Dios libertador, Dios misericordioso, Dios salvador. El Dios que ha visitado a su pueblo y se ha mostrado grande y poderoso.  

La Iglesia también hace suyo y toma como propio este cántico. En estos días de Adviento, tan cercanos ya a la Navidad, también nosotros reconozcamos y alabemos a nuestro Dios. También nosotros hemos sentido su misericordia y se ha hecho presente en medio de nosotros su salvación. También para nosotros ha sido la bendición que había prometido a Abraham y a su descendencia para siempre. También nosotros, pequeños y humildes, reconocemos que ha estado magnífico con nosotros.

Unámonos al cántico de María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador”. 
 










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