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¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?
Meditación al Evangelio 21 de diciembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Mientras en la sociedad se introduce un ambiente de escepticismo y de corrupción que nos lleva a decir un fatídico: “No hay nada que esperar”, el profeta Sofonías, en la primera lectura, nos ofrece un himno de alegría y de esperanza basado en la fuerza del Señor que ama, que expulsa a los enemigos y que reconcilia. Dios por medio de su profeta hace sentir a su pueblo su voz y su amor.

Lucas recoge este mismo sentido en la visita que María hace a su prima Isabel: ya desde el seno de su madre, el Mesías es motivo de una verdadera alegría y provoca los saltos de júbilo de Juan el Bautista. Isabel, la estéril, se llena de gozo y proclama bendiciones para María y para el niño que lleva en su vientre. Es la verdadera fiesta de quien ha encontrado la paz interior, de quien se sabe reconciliado y restablecido, de quien se sabe bendecido por el Señor.

Estos días de Navidad son ciertamente de alegría o al menos eso se pretende que sean, aunque este año tienen un dejo de tristeza y soledad que nos ha provocado la pandemia. Si nos olvidamos de que estamos esperando al Salvador, no podremos entender la Navidad.  Es triste que en lugar de encontrar la felicidad en el interior, en la reconciliación, en la armonía, pretendan imponernos una felicidad basada en el ruido, en el despilfarro, en los bienes materiales y en los excesos.

La pandemia nos limitará, pero parecería que estamos buscando por todos lados con ansia ese tipo de felicidad. Navidad es sentir la presencia del Señor en medio de nosotros y esa presencia se hace posible cuando se logran dos condiciones básicas: una purificación de todo pecado, rencor, maldad, venganza y violencia; y una actitud positiva de amor, comprensión, servicio y fraternidad.

Esto sólo se logra cuando, como dice Isabel, se ha creído en la Palabra del Señor. Así María, que ha escuchado y aceptado la Palabra y se ha puesto a disposición del Señor diciendo: “Hágase en mi según tu Palabra”, puede llevar alegría y servicio a Isabel.  Hagamos de estos días un espacio especial para la escucha de la palabra y para vivirla en armonía y en servicio con nuestros hermanos.










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