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No escuchan ni a Juan ni al Hijo del hombre
Meditación al Evangelio 11 de diciembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Cuando el corazón del hombre se cierra, siempre encuentra justificaciones para continuar en su iniquidad. Es la historia de todos los profetas y es la historia de Juan y Jesús: no son aceptados por sus contemporáneos arguyendo razones que van directamente contrapuestas las unas a las otras. Lo importante no es ya el mensaje ni quién es el que lo ofrece, lo importante y la dificultad está en el corazón.

Todos lo hemos experimentado en la vida diaria, cuando no aceptamos a una persona o también cuando alguien no nos acepta, cerramos el corazón y lo menos importante son las excusas que esgrimimos para negarnos a recibirlo. Todo  se convierte en un pretexto y en motivo de enojo y de rechazo. A los profetas los desterraron, los acusaron de idólatras, de perturbadores del orden, de muchas otras cosas, con tal de no escuchar su palabra.

A Juan y a Jesús los acusan a uno de endemoniado por su forma austera de vivir y a otro también de endemoniado y pecador, por compartir con los hombres que más lo necesitaban, como lo manifiesta el mismo Jesús en la comparación con el juego de los niños.

En nuestros días también podemos encontrar muchos pretextos para cerrarnos a la Palabra de Dios: ya sean los escándalos de la Iglesia, ya sean los conflictos de nuestros tiempos; nos excusamos en la falta de tiempo y ahora que parece que tenemos el tiempo en casa, nos enfadamos y no pensamos en la Palabra del Señor. ¿Cómo nos hemos sentido estos días? ¿Nos hemos puesto en manos del Señor?  ¿Lo hemos buscado en estos acontecimientos? Parecería que esta pandemia se convierte en uno más de tantos motivos para cerrarnos a la palabra.

El Señor en el libro de Isaías de la primera lectura de este día afirma con nostalgia: “¡Ojalá hubieras obedecido mis mandatos!”. La Palabra de Dios y sus mandamientos siempre nos darán vida y estos días nos ofrecen un verdadero sentido de la vida. Y es verdadera sabiduría que rige los caminos del hombre. Adviento es abrirse a la Palabra de Dios. Dejemos a un lado los pretextos, la desidia y la indiferencia. Hoy el Señor tiene algo que decirte ¿Podrás escucharlo?










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