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Ustedes han convertido la casa de oración en cueva de ladrones
Meditación al Evangelio 20 de noviembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Para el pueblo de Israel el templo tenía una importancia enorme. Siempre habían sentido la presencia del Señor y paulatinamente habían ido transformando los lugares significativos donde Él se manifestaba.

La montaña, la nube, el rayo, fueron las primeras manifestaciones. Posteriormente la Tienda de las Reuniones y el Arca de la Alianza habían sido el signo de que Dios caminaba con ellos y los acompañaba en su peregrinar. Finalmente, el templo se convirtió en su orgullo y seguridad.

Dios tenía una habitación en medio de ellos y estaban seguros. Pero de esta bella espiritualidad de la presencia de Dios se fueron desviando y lejos de buscar la experiencia de su Presencia, se entramparon en sus ritos, en sus seguridades y en sus negocios. Para muchos de ellos, aunque teóricamente significaba esta presencia, se había convertido en todo menos en un lugar de relación con Dios: lucha por el poder, negocios sucios, discriminación a grupos marginados… lo más grande lo habían transformado en un nuevo ídolo disfrazado que ocupaba el lugar de su Señor.

Jesús muchas veces visitó el templo, predicó en él, hizo oración y ofreció sus dones… pero no por eso dejó de tener un espíritu crítico y un gran deseo de purificación. La expulsión de los mercaderes que acabamos de escuchar, tiene un profundo significado porque retoma el verdadero sentido de la relación con Dios y derrumba los mitos y las perversiones en que han caído.

Retornar al Señor, sentir su presencia, buscar la conversión, participar de su vida, expresar la comunión con todos, son las verdaderas causas de la construcción de un templo. Hoy Cristo viene también a cada uno de nosotros y me parece que podemos examinar la realidad de nuestros templos y cómo están cumpliendo su finalidad. Revisar el templo que somos cada uno de nosotros y también los templos materiales que nos sirven para dar culto, para la enseñanza y la oración.



El Papa Francisco también parece fustigarnos y exigirnos no convertir el templo del Señor en mercado. Necesitamos conversión. ¿Tendrá que reclamar Jesús que hemos prostituido nuestras personas y que en lugar de ser casa de oración y de presencia de Dios las hemos convertido en cuevas de ladrones? Y en cuanto a los templos materiales ¿qué reclamos recibiríamos del Señor? ¿Son lugar de oración, de encuentro, de acogida, de hermandad?








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