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Levántate y vete. Tu fe te ha salvado
Meditación al Evangelio 11 de noviembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



El pasaje de este día nos lleva reflexionar por tres caminos, actualmente muy cercanos a nosotros. Primeramente salta a la vista que ante el repudio de los judíos hacia los samaritanos, Jesús alaba, recibe y coloca como ejemplo precisamente a un samaritano. Y lo pone de modelo en las cualidades que el pueblo judío se sentía más fuerte: en la fe y en la gratitud.

Actualmente se siente una fuerte discriminación a los pueblos que son diferentes: indígenas, mexicanos, extranjeros, migrantes. Se les mira con recelo y se les acusa, la mayoría de las veces sin fundamento, de crímenes, robos o desplazamientos de puestos de trabajo.

Estados Unidos es un ejemplo de esto con todos los migrantes, pero también entre nosotros se dan muchos casos de discriminación. Jesús nos insiste en la igualdad y dignidad de todos los pueblos y personas. Tendremos que pensar si nosotros no estamos humillando o despreciando a alguien por su raza, su creencia o su posición social.

La segunda enseñanza va en relación a la compasión que Jesús siempre muestra a todos los despreciados. La curación de los leprosos es una magnífica enseñanza de cómo Él ha venido a salvarnos y liberarnos de todo mal. Es la misma actitud que debemos tomar cada uno de nosotros sus discípulos.

Finalmente nos presenta este texto el gran contraste entre la gratitud y la ingratitud. De quienes se esperaba sentimientos de gratitud aparecen como indiferentes, de quien es considerado como pervertido y despreciado, él, el único, es quien manifiesta su gratitud, dejando aún de presentarse a los sacerdotes para que lo reintegrarán a la comunidad. ¡Qué fácil es exigir, gritar y derrochar! ¡Qué difícil es dar debidamente las gracias! Hoy, Señor, quiero reconocer que todo lo que tengo, todo lo que disfruto, todo lo que contemplo, es don tuyo y quiero decir un profundo gracias.



Gracias por la vista y por la belleza de los paisajes, gracias por la sonrisa del amigo, gracias por tu presencia en mi vida, gracias por tu amor, gracias también por el dolor que me hace más humano. Gracias, gracias, Señor.








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