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La importancia del ejemplo
Es necesario formar a los hijos en casa con


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.net



Si la forma de enseñanza de un padre, es golpeando, amenazando e insultando, estará enseñando a sus hijos a golpear, amenazar e insultar como “método” de formación.

Si trata de “formar” con violencia, estará formando a seres violentos. Si los padres no practican los valores como un modo de vida, para los hijos todo esto no tendrá ni la más mínima importancia.

Si el hijo observa que la actitud negativa del padre o madre es parte de su forma de ser y vive menospreciando a los demás, que sólo el padre tienes siempre la “razón”; ese niño está aprendiendo a menospreciar a los demás, él siempre tendrá la “razón”, o bien, podrá ser una persona insegura, tímida, con baja autoestima e inmadurez. Una persona inmadura, es una persona a medio hacer.

Si no se respeta la dignidad de cada hijo, él jamás respetará la dignidad del padre, madre, hermanos y de las personas que estén en su entorno.

Cuando pasas la vida criticando, juzgando, afirmando situaciones que no te constan de los demás, estás formando un hijo o una hija que actuará siempre como juez de los demás.



Si se frecuentan compañías y diversiones que incentivan la violencia, los hijos harán exactamente lo mismo como su modo de vida.

Si tú dices, impones, exiges virtudes y te comportas de manera totalmente contraria, provocarás que tus hijos se comporten de la misma manera, o bien te ignoren.

Si todo el tiempo te lo pasas hablando de ti, de tus “virtudes”, de tus aciertos e inteligencia; de que eres un experto todólogo; de tu alto nivel de conocimientos y todo dominas, sólo tú tienes la razón; de tu alta posición económica, política y social, constantemente estás menospreciando las cualidades virtudes y aciertos de los demás, estarás formando seres egoístas, soberbios y llenos de prepotencia. Que no es otra cosa más que tratar de ejercer un poder que es muy “grande” o “superior” al de los otros, en especial cuando se hace de manera abusiva.

Papá y mamá son quienes tienen la obligación, el deber de enseñar a los niños, adolescentes y jóvenes, a no mentir, a no robar, a no abusar de los demás.

Tratar de formar a los hijos con violencia, gritos y amenazas no es un sistema correcto.  Porque lo que menos se logra es un buen aprendizaje. Al contrario, se tiene rechazo, rebeldía o temor.



Instruye al niño en el camino que debe andar. Y aun cuando sea viejo no se apartará de él” (Proverbios 22).

Hermosa palabra nos ofrece Dios para la formación de los hijos, cuando nos dice: instruye.

Instruir es: dar, ofrecer, poner al alcance los conocimientos necesarios, ayudar para descubrir oportunidades, habilidades, ideas o experiencias. Cada uno de nuestros hijos necesitan que nosotros, sus padres, les demos, les compartamos y les dediquemos el tiempo necesario para llevar a cada uno de ellos a descubrir sus propias capacidades, su vocación y la práctica para desarrollar actividades; que realicen sus propios planes, proyectos e ideas y así madurando poco a poco adquieran sus propias experiencias.

Pero para lograr esto, es necesario que como padres descubran y pongan al servicio de sus hijos las virtudes esenciales para una sana formación de la familia, la responsabilidad, el buen juicio y la madurez sean actitudes y decisiones como modo de vida. Que el respeto y la tolerancia sean los medios frecuentes al alcance de todo papá y mamá para lograr una formación eficiente en cada uno de sus hijos. La responsabilidad de ser padres, no es fácil.

¿Qué es y qué tan importante es la prudencia?

Es la capacidad de todo padre de familia, para pensar antes de actuar, no actuar por impulsos irracionales, es modificar prudentemente la propia conducta para evitar prejuicios negativos innecesarios.

Estimados padres de familia, nunca olvidemos que:

“Lo que se siembra se cosecha” (Gal 6, 7). Lo que das, recibirás.

“El que siembra poco, poco cosechará” (2 Corintios 9:6-12- Biblia Dios Habla Hoy).

Lo que queremos lograr en nuestros hijos, tenemos que sembrarlo con nuestro ejemplo y congruencia. El que siembra rosas, cosechará rosas. El que siembra pinos cosechará pinos, el que siembra hortalizas, cosechará hortalizas. El que siembra odio no podrá cosechar paz y felicidad. El que siembra división, no podrá cosechar unidad. El que siembra conflicto, no podrá cosechar amor.

“Los que procuran la paz, siembran en paz para recoger como fruto la justicia” (Santiago 3, 18).

“Así pues, hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes” (Mt. 7, 12): lo más importante.

Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella (Hebreos 12:11).

Para formar es congruente tener humildad y reconocer las deficiencias por falta de conocimientos y tener la suficiente voluntad para superar lo negativo por el bien personal y de los que se pretende formar “de dónde viene ese deseo de insistir tanto en tener razón. ¿De un amor por la verdad, de una necesidad de afirmarse o de una falta de humildad? En todo caso, no hay que olvidar que la realidad es compleja” (Edifa | Aleteia).

“Así, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. El árbol bueno no puede dar fruto malo, ni el árbol malo dar fruto bueno” (Mt. 7, 17 – 18).

Para todo hijo, el imitar a sus padres es motivo de orgullo, así sea esto, en lo bueno, como en lo nocivo.

Cuando afirmamos que nadie nos enseñó a ser papás, es porque vamos aprendiendo cómo formar a nuestros hijos. Sólo debemos tener presente que el mejor método y la mejor herramienta de formación, infalibles, serán siempre: nuestra propia actitud y comportamiento (estamos siendo observados constantemente). Serán las normas, los límites y las reglas (ejemplo) las que imitarán nuestros descendientes, comportándose o al menos tratando de hacer algo a semejante a nosotros mismos. Y de forma importante actuar en consecuencia con las ideas o con lo que expresamos insistentemente (coherencia). Porque el peor anti-testimonio formativo, es decir, exigir algo y comportarse de forma contraria, esto decepciona, defrauda y resta credibilidad principalmente en la familia. No impongamos ni obliguemos lo que como padres no hacemos.

Es necesario formar a los hijos en casa con “hechos y no sólo con palabras” ese es el mejor método de formación familiar.







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