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El que no renuncie a todos sus bienes no puede ser mi discípulo
Meditación al Evangelio 4 de noviembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



¿Tendrán validez las exigencias de Jesús en nuestros días? Claro que sí. Sobre todo en nuestros días que nos hemos acostumbrado a un relativismo acomodaticio que nos permite decirnos discípulos y después asumir una vida sin compromisos.

Nos conformamos con buenamente ir a misa los domingos, si no tenemos otro compromiso “más importante”, y, con de cuando en vez, ofrecer un pequeño sacrificio o algún otro ritual, pero no tomamos en serio el seguimiento de Jesús. Hemos hecho una extraña mezcla de catolicismo y conveniencia.

Escuchamos el Evangelio pero después continuamos odiando, peleando, dividiéndonos. No es extraño que alguien invoque la bendición de Dios para después dedicarse a sus perversidades. Hoy el Señor Jesús nos pone las cosas muy claras: si queremos seguirlo, debemos tomarlo en serio. Cargar su cruz es asumir toda su vida y su misión. Es optar no por los privilegios y los reconocimientos, sino por la verdad y el servicio.

Cuando nos presenta las dificultades que puede ocasionarnos el seguir el evangelio y habla de dejar a padre y madre, esposa e hijos, no pretende Jesús deshumanizarnos o romper con los vínculos familiares. Pero sí nos enseña que a partir de la aceptación del evangelio nace una nueva relación y una nueva familia que incluye a todos los hombres.

El verdadero discípulo está llamado a participar de esta nueva sociedad que se basa en el designio de Dios Padre que quiere que todos los hombres participen y vivan su filiación y fraternidad. Adquiere pues, la misma misión de Jesús y con frecuencia participará también de las consecuencias de anunciar el evangelio. ¿Estamos dispuestos a seguir sin ambigüedades a Jesús? ¿Nos comprometemos en serio a asumir las consecuencias?










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