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El que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido
Meditación al Evangelio 31 de octubre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Una de las enfermedades de nuestro tiempo es esa ambición de grandeza y superioridad que pretendemos a toda hora manifestar. Parecería que las disputas de los escribas y fariseos, cambiando un poco los nombres y las situaciones, se repiten a cada momento entre nosotros.

La lucha denodada por los primeros sitios, la ambición por aparecer entre los notables, el prestigio y el honor, no son una enfermedad que quede en el pasado, sino que se torna en una enfermedad muy actual… aunque muchas veces disfrazada. Es el pecado de la soberbia, vicio capital, príncipe y señor de toda una secuencia de pecados.

Nos lleva a situarnos por encima de los demás, aunque muchas veces tratemos de disimularlo, y nos obsesiona la primacía y el poder, no importando los medios que debamos utilizar. Muchos estarían dispuestos a sacrificar aun la riqueza con tal de mantener el “honor”. Jesús reprende con frecuencia a quienes pretenden ponerse en los primeros puestos, pensando no tanto en la humildad sino en el poder.

Ponerse en los primeros sitios no significa solamente ser más importante sino sobre todo mandar sobre los demás. Y Jesús nos alerta sobre este grave peligro y el Papa Francisco denuncia con frecuencia a quienes en la Iglesia o en la sociedad se convierten en trepadores en busca del poder y del honor.

No pretende Jesús infundir en nosotros falsas humildades que nos excusen de nuestras responsabilidades, sino que nos pone en alerta sobre este grave vicio que nos lleva a menospreciar a los demás y utilizarlos para nuestros propios fines. Quizás detrás de muchos de los fracasos políticos, de las luchas por el poder del narcotráfico, de las divisiones y conflictos, se esconda esta ambición de poder y el deseo de ocupar los primeros sitios.



Que hoy lleguen hasta nosotros las palabras de Jesús y nos hagan reflexionar sobre la forma que nos estamos comportando, de la forma en que servimos y del lugar que ambicionamos. Que el ejemplo de Jesús sea para nosotros la norma. Así como Él reina sirviendo, podamos también nosotros servir a cada uno de los hermanos.








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